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Accidentes mortales

Accidentes mortales

Accidentes mortales

El mundo gira muy deprisa. Este artículo fue escrito justo después del balance del año 2006 realizado por Zapatero. ¿Quién diría lo desagradables que sentarían las palabras de Zapatero sólo un día después?

Accidente: (Del lat. accĭdens, -entis). 1. m. Cualidad o estado que aparece en algo, sin que sea parte de su esencia o naturaleza. 2. m. Suceso eventual que altera el orden regular de las cosas. 3. m. Suceso eventual o acción de que involuntariamente resulta daño para las personas o las cosas. Seguro contra accidentes. 4. m. Indisposición o enfermedad que sobreviene repentinamente y priva de sentido, de movimiento o de ambas cosas. 5. m. Pasión o movimiento del ánimo. 6. m. Irregularidad del terreno con elevación o depresión bruscas, quiebras, fragosidad, etc. 7. m. Síntoma grave que se presenta inopinadamente durante una enfermedad, sin ser de los que la caracterizan. 8. m. Gram. accidente gramatical. 9. m. Mús. Cada uno de los tres signos, el sostenido, el bemol y el becuadro, con que se altera la tonalidad de un sonido. 10. m. pl. Rel. Figura, color, sabor y olor que en la eucaristía quedan del pan y del vino después de la consagración.

Reproduzco textualmente las palabras de Zapatero, porque estoy bastante harto de las interpretaciones y cortes de los periódicos palmeros y menos palmeros. Oráculo de Zapatero –él siempre habla así-:

 

"¿Se está mejor cuando hay un alto al fuego permanente que cuando había bombas –como había hace un año-? Sin duda.

¿Se está mejor que hace cuatro o cinco años cuando además teníamos trágicos accidentes mortales? Sin duda. Es de sentido común. Es una mínima apelación a la objetividad.

 

A ver, los imbéciles que tienen siempre en la boca que Aznar habló de ETA como Movimiento de Liberación Nacional Vasco. Si Aznar fue estúpido no quiere decir que tengamos que jalear a sucesivos idiotas, y no os jactéis de ello, quedáis peor.

¿Qué diantres hace el memo éste llamando "accidentes mortales" a los asesinatos? Ya es una legitimación del terror aceptar hablar con terroristas para lo que sea, pero éste último capítulo de rebajas del Estado de Derecho es pavoroso. Está claro, lo que es un accidente no tiene por qué ser castigado, salvo excepciones. El desprecio de este gobierno por las víctimas del terrorismo es patente. Creíamos que era suficiente con la indignidad de intentar asesinar civilmente a un minusválido por –supuestamente- simular ser víctima del terrorismo.

Este señor nos quiere despedir el año calentitos. Lo ha conseguido, esto sí. Se hartan de acusar al PP de utilizar políticamente el terrorismo (que por cierto es un tema que empacha más que los mantecados de Estepa), cuando quien más utiliza el terror es el propio gobierno. Siempre condicionando la hipotética Paz a su permanencia en el poder, se supone que debemos confiar ciegamente en los atributos nunca acreditados de los gobernantes. ¿Quién es un político para pedir confianza durante los cuatro años de legislatura? Hechos y no palabras: Desprecio de las víctimas; zulos con sustancia blanca granulada (según TVE, Amonal para el resto de los mortales); robo de pistolas; amenaza a punta de pistola a un gendarme francés; Partido Comunista de las Tierras Vascas en el Parlamento Vasco; reducción de pena de Ignacio de Juana Chaos; risas de Chapote en su juicio, amenazas de otro al presidente del tribunal, al que iba a arrancar la piel a tiras por fascista de mierda; soplo de la policía a etarras porque va a haber detenciones; de nuevo Kale Borroka; extorsiones a empresarios... Ya pasamos un día cada cuatro años con la nariz tapada a la hora de votar, si nos pasamos así cada día no podremos respirar.

Zapatero está utilizando una técnica arriesgada para que nos olvidemos de muchos temas: formar un lío mayor, y en este año de poca nieve, la bola se encarga de engordarla él mismo.

Javi López Ruiz (Albiac)

Accidentes mortales

El mundo gira muy deprisa. Este artículo fue escrito justo después del balance del año 2006 realizado por Zapatero. ¿Quién diría lo desagradables que sentarían las palabras de Zapatero sólo un día después?

Accidente: (Del lat. accĭdens, -entis). 1. m. Cualidad o estado que aparece en algo, sin que sea parte de su esencia o naturaleza. 2. m. Suceso eventual que altera el orden regular de las cosas. 3. m. Suceso eventual o acción de que involuntariamente resulta daño para las personas o las cosas. Seguro contra accidentes. 4. m. Indisposición o enfermedad que sobreviene repentinamente y priva de sentido, de movimiento o de ambas cosas. 5. m. Pasión o movimiento del ánimo. 6. m. Irregularidad del terreno con elevación o depresión bruscas, quiebras, fragosidad, etc. 7. m. Síntoma grave que se presenta inopinadamente durante una enfermedad, sin ser de los que la caracterizan. 8. m. Gram. accidente gramatical. 9. m. Mús. Cada uno de los tres signos, el sostenido, el bemol y el becuadro, con que se altera la tonalidad de un sonido. 10. m. pl. Rel. Figura, color, sabor y olor que en la eucaristía quedan del pan y del vino después de la consagración.

Reproduzco textualmente las palabras de Zapatero, porque estoy bastante harto de las interpretaciones y cortes de los periódicos palmeros y menos palmeros. Oráculo de Zapatero –él siempre habla así-:

 

"¿Se está mejor cuando hay un alto al fuego permanente que cuando había bombas –como había hace un año-? Sin duda.

¿Se está mejor que hace cuatro o cinco años cuando además teníamos trágicos accidentes mortales? Sin duda. Es de sentido común. Es una mínima apelación a la objetividad.

 

A ver, los imbéciles que tienen siempre en la boca que Aznar habló de ETA como Movimiento de Liberación Nacional Vasco. Si Aznar fue estúpido no quiere decir que tengamos que jalear a sucesivos idiotas, y no os jactéis de ello, quedáis peor.

¿Qué diantres hace el memo éste llamando "accidentes mortales" a los asesinatos? Ya es una legitimación del terror aceptar hablar con terroristas para lo que sea, pero éste último capítulo de rebajas del Estado de Derecho es pavoroso. Está claro, lo que es un accidente no tiene por qué ser castigado, salvo excepciones. El desprecio de este gobierno por las víctimas del terrorismo es patente. Creíamos que era suficiente con la indignidad de intentar asesinar civilmente a un minusválido por –supuestamente- simular ser víctima del terrorismo.

Este señor nos quiere despedir el año calentitos. Lo ha conseguido, esto sí. Se hartan de acusar al PP de utilizar políticamente el terrorismo (que por cierto es un tema que empacha más que los mantecados de Estepa), cuando quien más utiliza el terror es el propio gobierno. Siempre condicionando la hipotética Paz a su permanencia en el poder, se supone que debemos confiar ciegamente en los atributos nunca acreditados de los gobernantes. ¿Quién es un político para pedir confianza durante los cuatro años de legislatura? Hechos y no palabras: Desprecio de las víctimas; zulos con sustancia blanca granulada (según TVE, Amonal para el resto de los mortales); robo de pistolas; amenaza a punta de pistola a un gendarme francés; Partido Comunista de las Tierras Vascas en el Parlamento Vasco; reducción de pena de Ignacio de Juana Chaos; risas de Chapote en su juicio, amenazas de otro al presidente del tribunal, al que iba a arrancar la piel a tiras por fascista de mierda; soplo de la policía a etarras porque va a haber detenciones; de nuevo Kale Borroka; extorsiones a empresarios... Ya pasamos un día cada cuatro años con la nariz tapada a la hora de votar, si nos pasamos así cada día no podremos respirar.

Zapatero está utilizando una técnica arriesgada para que nos olvidemos de muchos temas: formar un lío mayor, y en este año de poca nieve, la bola se encarga de engordarla él mismo.

Javi López Ruiz (Albiac)

“[Más sobre el estado laico...] Histórico encuentro

[Más sobre el estado laico...] Histórico encuentro entre Jürgen Habermas y Joseph Ratzinger. Las bases prepolíticas del estado liberal (I) encuentro entre jürgen habermas y joseph ratzinger en la academia católica baviera (munich) el 19 de enero de 2004 Encuentro entre el filósofo y sociólogo alemán Jürgen Habermas, (Düsseldorf, 1929), el representante más sobresaliente del pensamiento laico ilustrado (de la segunda generación de filósofos de la Escuela de Frankfurt) y el entonces Cardenal Joseph Ratzinger. El diálogo fue sobre «Las bases morales prepolíticas del Estado liberal». Es decir: ¿necesita el estado liberal apoyarse en supuesto normativos prepolíticos (y por tanto no deliberativos y de decisión democrática) que preceden y hacen posible la democracia?  Abrieron la discusión los dos invitados con sendas ponencias. Primero habló Habermas, después Ratzinger. Lo que sigue fue la ponencia o  posicionamiento» de Habermas. Ambos textos han sido traducidos por el profesor Manuel Jiménez Redondo, de la Universidad de Valencia, antiguo traductor de Habermas al castellano. Ofrecemos ahora la primera parte, la ponencia de Jürgen Habermas. La semana que viene ofreceremos la visión de Joseph Ratzinger.  De ambos dos podrás extraer ideas bastantes interesantes. «Las bases morales prepolíticas del Estado liberal», según Jürgen Habermas El tema de discusión que se nos ha propuesto, me recuerda una pregunta que,
en los años sesenta, Ernst-Wolfgang Böckenförde redujo a la dramática
fórmula de si un Estado liberal, secularizado, no se está nutriendo de
presupuestos normativos que él mismo no puede garantizar[1]. En ello se
expresa la duda de que el Estado constitucional democrático pueda cubrir con
sus propios recursos los fundamentos normativos en los que ese Estado se
basa, así como la sospecha de que ese Estado quizá dependa de tradiciones
cosmovisionales o religiosas autóctonas [que no dependen de él], y en todo
caso de tradiciones éticas también autóctonas, colectivamente vinculantes.
Esto, ciertamente, pondría en aprietos a un Estado que, en vistas del "hecho
del pluralismo" (Rawls), está obligado a mantener la neutralidad en lo que
se refiere a cosmovisiones. Claro es que tal conclusión no puede emplearse
como un contraargumento contra aquella sospecha.

[0.- Plan de la presente ponencia]
Lo que voy a empezar haciendo es especificar el problema en dos aspectos. En el aspecto cognitivo la duda se refiere a la cuestión de si, después de la
completa positivización del derecho, la estructuración del poder político es
todavía accesible a una justificación o legitimación secular, es decir, a
una justificación o legitimación no religiosa, sino postmetafísica [1]. Pero
aun cuando se admita tal legitimación, en el aspecto motivacional todavía
sigue en pie la duda de si una comunidad que, en lo que se refiere a
cosmovisión es pluralista, podrá estabilizarse normativamente (es decir, más
allá de un simple modus vivendi) a través de la suposición de un consenso de
fondo que, en el mejor de los casos, será un consenso formal, un consenso
limitado a procedimientos y principios [2]. Pero aun cuando pudiera
despejarse esa duda, quedaría en pie el que los ordenes liberales dependen
(en lo que respecta a dimensión normativa) de la solidaridad de sus
ciudadanos, y que esas fuentes podrían secarse a causa de una "descarrilada"
secularización de la sociedad en conjunto. Este diagnóstico no puede
rechazarse sin más, pero tampoco puede entenderse en el sentido de que
aquellos entre los defensores de la religión, que son gente formada, es
decir, que son la clase culta, quieran obtener de ello una especie de
"plusvalía"  para lo que ellos defienden [3]. En lugar de eso (es decir,
para evitar esa obtención de plusvalía) voy a proponer entender la
secularización cultural y social como un doble proceso que obliga tanto a
las tradiciones de la Ilustración como a las doctrinas religiosas a
reflexionar sobre sus respectivos límites [4]. Y en lo que respecta a las
sociedades postseculares se plantea, finalmente, la cuestión de cuáles son
las actitudes cognitivas y las expectativas normativas que un Estado liberal
puede suponer y exigir tanto a sus ciudadanos creyentes como a sus
ciudadanos no creyentes en su trato mutuo [5].


[1.- Justificación no religiosa, postmetafísica, del derecho]
El liberalismo político (que yo defiendo en la forma especial de un
republicanismo kantiano[2]) se entiende como una justificación no religiosa
y postmetafísica de los fundamentos normativos del Estado constitucional
democrático. Esta teoría se mueve en la tradición del derecho racional, que
renuncia a las fuertes presuposiciones tanto cosmológicas como relativas a
la historia de la salvación, que caracterizaban a las doctrinas clásicas y
religiosas del derecho natural. La historia de la teología cristiana en la
Edad Media, y en especial la Escolástica española tardía, pertenecen,
naturalmente, a la genealogía de los derechos del hombre. Pero los
fundamentos legitimadores de un poder estatal neutral en lo concerniente a
cosmovisión proceden finalmente de las fuentes profanas que representa la
filosofía del siglo XVII y del siglo XVIII. Sólo mucho más tarde fueron
capaces la teología y la Iglesia de digerir los desafíos espirituales que
representaba el Estado constitucional revolucionario. Por el lado católico,
que con la idea de "luz natural", con la idea de lumen naturale, una
relación mucho más distendida, nada se opone en principio a una
fundamentación autónoma de la moral y del derecho, es decir, a una
fundamentación de la moral y del derecho, independiente de las verdades
reveladas.

La fundamentación postkantiana de los principios constitucionales liberales
[es decir, la posición que sostiene Habermas] ha tenido que enfrentarse en
el siglo XX, no tanto a la nostalgia de un derecho natural objetivo (o de
una "ética material de los valores"), cuanto a formas de crítica de tipo
historicista y empirista. Pues bien, a mi juicio, son suficientes
presuposiciones débiles acerca del contenido normativo de la estructura
comunicativa de las formas de vida socioculturales, para defender contra el
contextualismo un concepto no derrotista de razón, y contra el positivismo
jurídico un concepto no decisionista de validez jurídica. La tarea central
consiste en este sentido en explicar [primero] por qué el proceso
democrático se considera un procedimiento de establecimiento legítimo del
derecho o de creación legítima del derecho; y la respuesta es que, en cuanto
que cumple condiciones de una formación inclusiva y discursiva de la opinión
y de la voluntad, el proceso democrático funda la sospecha de una
aceptabilidad racional de los resultados; y [segundo] por qué la democracia
y los derechos del hombre son las dimensiones normativas básicas que nos
aparecen siempre cooriginalmente entrelazadas en lo que son nuestras
constituciones, es decir, en lo que en Occidente ha venido siendo el
establecimiento mismo de una constitución; y la respuesta es que la
institucionalización jurídica del procedimiento de creación democrática del
derecho exige que se garanticen a la vez tanto los derechos fundamentales de
tipo liberal como los derechos fundamentales de tipo político-ciudadano.[3]

El punto de referencia de esta estrategia de fundamentación (de la
estrategia de fundamentación postmetafísica que estoy considerando) es la
constitución que se dan a sí mismos ciudadanos asociados, y no la
domesticación de un poder estatal ya existente, pues ese poder (esto es lo
que se está suponiendo en dicha estrategia de fundamentación
postmetafísica), pues ese poder, digo, ha de empezar generándose por la vía
del establecimiento democrático de una constitución (es decir, por la misma
vía por la que llega a establecerse una constitución democrática). Un poder
estatal "constituido" (y no sólo constitucionalmente domesticado) es siempre
un poder juridificado hasta en su núcleo más íntimo, de suerte que el
derecho penetra hasta el fin el poder político, hasta no dejar ni un residuo
que no esté juridificado. Mientras que el positivismo de la voluntad estatal
(muy enraizado él en el imperio alemán), que sostuvieron los teóricos
alemanes del Derecho Público (desde Laband y Jellinek hasta Carl Schmitt)
había dejado siempre algún hueco o algún rincón por el que podía colarse de
contrabando algo así como una sustancia ética de lo "estatal" o de lo
"político", exenta de derecho, en el Estado constitucional no queda ningún
sujeto del poder político, que pudiera suponerse que se nutre o se está
nutriendo de una sustancia prejurídica o de algún tipo de sustancia
prejurídica[4]. De la soberanía preconstitucional de los príncipes no queda
en el Estado constitucional ningún lugar vacío que ahora - en la forma de
ethos de un pueblo más o menos homogéneo - hubiera  que rellenar con una
soberanía popular igualmente sustancial (es decir, de base igualmente
prejurídica).

A la luz de esta herencia problemática, la pregunta de Böckenförde ha podido
entenderse en el sentido de si un orden constitucional totalmente
positivazado necesita todavía de la religión o de algún otro "poder
sustentador" para asegurar cognitivamente los fundamentos que lo legitiman.
Conforme a esta lectura, la pretensión de validez del derecho positivo
dependería de una fundamentación en convicciones de tipo ético-prepolítico,
de las que serían portadoras las comunidades religiosas o las comunidades
nacionales, porque tal orden jurídico no podría legitimarse
autorreferencialmente a partir sólo de procedimientos jurídicos generados
democráticamente. Si, por el contrario, el procedimiento democrático no se
entiende, como hacen Kelsen o Luhmann en términos positivistas, sino que se
lo concibe como un método para generar legitimidad a partir de la legalidad
(es lo que he defendido en "Facticidad y validez"), no surge ningún déficit
de validez que hubiera que rellenar mediante eticidad (es decir, que hubiera
que rellenar recurriendo a sustancia normativa pre-jurídica). Así pues,
frente a una comprensión del Estado constitucional, proveniente del
hegelianismo de derechas, está esta otra concepción, procedimental,
inspirada por Kant, de una fundamentación de los principios
constitucionales, autónoma, que, tal como ella misma pretende, sería
racionalmente aceptable para todos los ciudadanos.

[3.- La duda en el aspecto motivacional]
En lo que sigue voy a partir de que la constitución del Estado liberal puede
cubrir su necesidad de legitimación en términos autosuficientes, es decir,
administrando en lo que a argumentación se refiere, un capital cognitivo y
unos recursos cognitivos que son independientes de las tradiciones
religiosas y metafísicas. Pero incluso dando por sentada esta premisa, sigue
en pie la duda en lo que respecta al aspecto motivacional. Efectivamente,
los presupuestos normativos en que se asienta el Estado constitucional
democrático son más exigentes en lo que respecta al papel de ciudadanos que
se entienden como autores del derecho, son más exigentes en ese aspecto,
digo, que en lo que se refiere al papel de personas privadas o de miembros
de la sociedad, que son los destinatarios de ese derecho que se produce en
el papel del ciudadano. De los destinatarios del derecho se sólo espera que
en la realización de lo que son sus libertades subjetivas (y de lo que son
sus aspiraciones subjetivas) no transgredan los límites que la ley les
impone. Pero algo bien distinto a lo que es esta simple obediencia frente a
leyes coercitivas, a las que queda sujeta la libertad, es lo que se supone
en lo que respecta a las motivaciones y actitudes que se esperan de los
ciudadanos precisamente en el papel de colegisladores democráticos.

Pues se supone, efectivamente, que éstos han de poner por obra sus derechos
de comunicación y sus derechos de participación, y ello no sólo en función
de su propio interés bien entendido, sino orientándose al bien común, es
decir, al bien de todos. Y esto exige la complicada y frágil puesta en juego
de una motivación, que no es posible imponer por vía legal. Una obligación
legalmente coercitiva de ejercer el derecho a voto, representaría en un
Estado de derecho un cuerpo tan extraño como una solidaridad que viniese
dictada por ley. La disponibilidad a salir en defensa de ciudadanos extraños
y que seguirán siendo anónimos y a aceptar sacrificios por el interés
general es algo que no se puede mandar, sino sólo suponer, a los ciudadanos
de una comunidad liberal. De ahí que las virtudes políticas, aun cuando sólo
se las recoja o se las implique "en calderilla", sean esenciales para la
existencia de una democracia. Esas virtudes son un asunto de la
socialización, y del acostumbrarse a las prácticas y a la forma de pensar de
una cultura política traspasada por el ejercicio de la libertad política y
de la ciudadanía. Y, por tanto, el estatus de ciudadano político está en
cierto modo inserto en una "sociedad civil" que se nutre de fuentes
espontáneas, y, si ustedes quieren, "prepolíticas".

Pero de ello no se sigue que el Estado liberal sea incapaz de reproducir sus
propios presupuestos motivacionales a partir de su propio potencial secular,
no-religioso. Los motivos para una participación de los ciudadanos en la
formación política de la opinión y de la voluntad colectiva se nutren,
ciertamente, de proyectos éticos de vida (es decir, de ideales de
existencia) y de formas culturales de vida. Pero las prácticas democráticas
desarrollan su propia dinámica política. Sólo un Estado de derecho sin
democracia, al que en Alemania estuvimos acostumbrados durante mucho tiempo, sugeriría una respuesta negativa a la pregunta de Böckenförde:

"¿Cómo podrían vivir pueblos estatalmente unidos, cómo podrían vivir, digo,
sólo de la garantía de la libertad de los particulares, sin un vínculo
unificador que anteceda a esa libertad?"[5] La respuesta es que el Estado de
derecho articulado en términos de constitución democrática garantiza no sólo
libertades negativas para los miembros de la sociedad que, como tales, de lo
que se preocupan es de su propio bienestar, sino que ese Estado, al desatar
las libertades comunicativas, moviliza también la participación de los
ciudadanos en una disputa pública acerca de temas que conciernen a todos en
común. El "lazo unificador" que Böckenförde echa en falta es el proceso
democrático mismo, en el que en última instancia lo que queda a discusión (o
lo que siempre está en discusión) es la comprensión correcta de la propia
constitución.

Así por ejemplo, en las actuales discusiones acerca de la reforma del estado
de bienestar, acerca de la política de emigración, acerca de la guerra de
Irak, o acerca de la supresión del servicio militar obligatorio, no
solamente se trata de esta o aquella medida política particular, sino que
siempre se trata también de una controvertida interpretación de los
principios constitucionales, e implícitamente se trata de cómo queremos
entendernos, tanto como ciudadanos de la República Federal de Alemania, como también como europeos, a la luz de la pluralidad de nuestras formas de vida culturales, y del pluralismo de nuestras visiones del mundo y de nuestras
convicciones religiosas. Ciertamente, si miramos históricamente hacia atrás,
vemos que un trasfondo religioso común, una lengua común, y sobre todo la
conciencia nacional recién despertada, fueron elementos importantes para el
surgimiento de esa solidaridad ciudadana altamente abstracta. Pero mientras
tanto, nuestras mentalidades republicanas se han disociado profundamente de
ese tipo de anclajes pre-políticos. El que no se está dispuesto a morir "por
Niza", ya no es ninguna objeción contra una Constitución europea. Piensen
ustedes en todas las discusiones de tipo ético-político acerca del
holocausto y la criminalidad de masas: esas discusiones han vuelto
conscientes a los ciudadanos de la República Federal de Alemania del logro
que representa la Constitución (la Grundgesetz). Este ejemplo de una
"política de la memoria" de tipo autocrítico (que mientras tanto ya no
resulta excepcional, sino que se ha extendido también a otros países)
demuestra cómo en el medio que representa la política pueden formarse y
renovarse vinculaciones que tienen que ver con lo que vengo llamando
"patriotismo constitucional"[6].

Pues frente a un malentendido ampliamente extendido, "patriotismo
constitucional" no significa que los ciudadanos hagan suyos los principios
de la Constitución, no sólo en el contenido abstracto de éstos, sino que
hagan propios esos principios en el contenido concreto que esos principios
tienen cuando se parte del contexto histórico de su propia historia
nacional. Si los contenidos morales de los derechos fundamentales han de
hacer pie en las mentalidades, no basta con un proceso cognitivo. Sólo para
la integración de una sociedad mundial de ciudadanos, constitucionalmente
articulada, (si es que alguna vez llegara a haberla), habrían de ser
suficientes la adecuada intelección moral de las cosas y una concordancia
mundial en lo tocante a indignación moral acerca de las violaciones masivas
de los derechos del hombre. Pero entre los miembros de una comunidad
política sólo se produce una solidaridad (por abstracta que ésta sea y por
jurídicamente mediada que esa solidaridad venga), sólo se produce una
solidaridad, digo, si los principios de justicia logran penetrar en la trama
más densa de orientaciones culturales concretas y logran impregnarla.

[4.- Del agotamiento de las fuentes de la solidaridad. De cómo ello no puede convertirse en una especie de plusvalía para el elemento religioso]
Conforme a las consideraciones que hemos hecho hasta aquí, la naturaleza
secular del Estado constitucional democrático no presenta, pues, ninguna
debilidad interna, inmanente al proceso político como tal, que en sentido
cognitivo o en sentido motivacional pusiese en peligro su
autoestabilización. Pero con ello no están excluidas todavía las razones no
internas e inmanentes, sino externas. Una modernización "descarrilada" de la
sociedad en conjunto podría aflojar el lazo democrático y consumir aquella
solidaridad de la que depende el Estado democrático sin que él pueda
imponerla jurídicamente. Y entonces se produciría precisamente aquella
constelación que Böckenförde tiene a la vista: la transformación de los
miembros de las prósperas y pacíficas sociedades liberales en mónadas
aisladas, que actúan interesadamente, que no hacen sino lanzar sus derechos
subjetivos como armas los unos contra los otros. Evidencias de tal
desmoronamiento de la solidaridad ciudadana se hacen sobre todo visibles en
esos contextos más amplios que representan la dinámica de una economía
mundial y de una sociedad mundial, que aún carecen de un marco político
adecuado desde el que pudieran ser controladas. Los mercados, que,
ciertamente, no pueden democratizarse como se democratiza a las
administraciones estatales, asumen crecientemente funciones de regulación en
ámbitos de la existencia, cuya integración se mantenía hasta ahora
normativamente, es decir, cuya integración, o era de tipo político, o se
producía a través de formas prepolíticas de comunicación. Y con ello, no
solamente esferas de la existencia privada pasan a asentarse en creciente
medida sobre los mecanismos de la acción orientada al propio éxito
particular, es decir, de la acción orientada a las propias preferencias
particulares de uno; sino que también se contrae el ámbito de lo que queda
sometido a la necesidad de legitimarse públicamente. Se produce un
reforzamiento del privatismo ciudadano a causa de la desmoralizadora pérdida
de función de una formación democrática de la opinión y de la voluntad
colectivas que si acaso sólo funciona ya (y ello sólo a medias) en los
ámbitos nacionales, y que, por tanto, no alcanza ya a los procesos de
decisión desplazados a nivel supranacional. Por tanto, también la
desaparición de la esperanza de que la comunidad internacional pueda llegar
a tener alguna fuerza de configuración política fomenta la tendencia a una
despolitización de los ciudadanos. En vista de los conflictos y de las
sangrantes injusticias sociales de una sociedad mundial, fragmentada en alta
medida, crece el desengaño con cada fracaso que se produce en el camino
(emprendido desde 1945) de una constitucionalización del "derecho de
gentes".


[5. Necesidad de reflexión de las tradiciones religiosas y de las tradiciones de la Ilustración]
Las teorías postmodernas, situándose en el plano de una crítica de la razón,
entienden estas crisis no como consecuencia de una utilización selectiva de
los potenciales de razón inherentes a la modernidad occidental, sino que
entienden estas crisis como el resultado lógico del programa de una
racionalización cultural y social, que no tiene más remedio que resultar
autodestructiva. Ese escepticismo radical en lo que toca a la razón, le es,
ciertamente, ajeno a la tradición católica por las propias raíces de ésta.
Pero el catolicismo, por lo menos hasta los años 60 del siglo pasado, se
hizo él solo las cosas muy difíciles en lo tocante a sus relaciones con el
pensamiento secular del humanismo, la Ilustración y el liberalismo político.
Pero en todo caso el teorema de que a una modernidad casi descalabrada sólo
puede sacarla ya del atolladero la orientación hacia un punto de referencia
transcendente, es un teorema que hoy vuelve a encontrar resonancia. En
Teherán un colega me preguntaba si desde el punto de vista de una
comparación de las culturas y desde un punto de vista de sociología de la
religión, no era, precisamente, la secularización europea el camino
propiamente equivocado que necesitaba de una corrección de rumbo. Y esto nos recuerda el estado de ánimo que prevaleció en la República de Weimer, nos recuerda a Carl Schmitt, a Heidegger, a Leo Strauss. Pero a mí me parece que es mucho mejor o que es más productivo no exagerar en términos de una
crítica de la razón la cuestión de si una modernidad que se ha vuelto
ambivalente podrá estabilizarse sola a partir de las fuerzas seculares (es
decir, no religiosas) de una razón comunicativa, sino tratar tal cuestión de
forma no dramática como una cuestión empírica que debe considerarse abierta.

Con lo cual no quiero decir que el fenómeno de la persistencia de la
religión en un entorno ampliamente secularizado haya de traerse a colación
solamente como un mero hecho social. La filosofía tiene que tratar también
de entender ese fenómeno, por así decir, desde dentro, de tomarlo en serio
como un desafío cognitivo. Pero antes de seguir esta vía de discusión,
quiero por lo menos mencionar una posible ramificación del diálogo en un
sentido distinto, que resulta también obvia. Me refiero a que en el curso de
la reciente radicalización de la crítica de la razón, también la filosofía
se ha dejado mover hacia una reflexión acerca de sus propios orígenes
religioso-metafísicos, dejándose envolver en ocasiones en diálogos con la
teología que, por su parte, buscaba conectar con los ensayos filosóficos de
una autorreflexión posthegeliana de la razón[7].

(Excurso. Punto de conexión o de contacto para un discurso filosófico acerca
de la razón y la revelación, lo ha constituido siempre una figura de
pensamiento que retorna una y otra vez: la razón, al reflexionar sobre su
fundamento más hondo, descubre que tiene su origen en otro; y el poder de
eso otro, que entonces se le convierte en destino, la razón tiene que
reconocerlo si es que no quiere perder su propia orientación racional en el
callejón sin salida de alguno de esos híbridos intentos de darse alcance por
completo a sí misma. Como modelo sirve aquí la ejercitación de la razón en
una especie de conversión producida por la propia fuerza de la razón, o por
lo menos provocada por la propia fuerza de la razón, es decir, como modelo
sirve aquí el ejercicio de una conversión de la razón por la razón, ya sea
que esa reflexión parta, como ocurre en Schleiermacher, de la autoconciencia
del sujeto cognoscente y agente, o esa autorreflexión parta, como ocurre en
Kierkegaard, de la historicidad del autocercioramiento existencial de sí que
el sujeto busca, ya sea que esa reflexión parta, como ocurre en Hegel,
Feuerbach y Marx, de la provocación que representa el desgarramiento de un
mundo ético que se escinde. Aun sin verse movida inicialmente a ello por
motivaciones teológicas, una razón que se vuelve consciente de sus límites
se transciende a sí misma en dirección a otro: ya sea en una fusión mística
con una conciencia cósmica envolvente, ya sea en la desesperada esperanza de que en la historia había irrumpido ya un mensaje definitivamente salvador,
ya sea en forma de una solidaridad con los humillados y ofendidos, que trata
de dar prisa a la salvación mesiánica para que ésta comparezca. Estos tres
dioses anónimos de la metafísica posthegeliana (la conciencia envolvente, el
acontecimiento de un mensaje salvador que se dona a sí mismo sin supuestos
previos de pensamiento, y la idea de una sociedad no alienada), se
convierten siempre para la teología en presa fácil. Pues se diría que son
esos dioses mismos quienes se ofrecen a quedar descifrados como pseudónimos de la Trinidad de ese Dios personal que Él mismo hace donación de sí al hombre. Fin del excurso).

Debo decir que estos intentos de renovación de una teología filosófica
posthegeliana me parecen, pues, pese a todo, mucho más simpáticos que ese
nietzscheanismo que toma en préstamo las connotaciones cristianas del oír y
el escuchar, del pensar rememorativo y de la expectativa de la gracia, de la
venida y del acontecimiento salvífico, que hace suyas, digo, esas
connotaciones cristianas para reducirlas a un pensamiento que, desprovisto
de toda textura y tuétano proposicional, pretende pasar por detrás de Cristo
y de Sócrates para perderse en la indeterminación de lo arcaico. Pero,
aunque los intentos de renovación posthegeliana de la teología filosófica
resulten más simpáticos que todo esto, una filosofía que permanezca
consciente de su falibilidad, y de su frágil posición dentro de la
diferenciada morada de una sociedad moderna, tiene que atenerse a una
distinción genérica (pero que de ninguna manera tiene que tener un sentido
peyorativo) entre un discurso secular que, por su propia pretensión, es un
discurso de todos y accesible a todos, y un discurso religioso dependiente
de las verdades religiosas reveladas. Ahora bien, a diferencia de lo que
sucede en Kant y en Hegel, este trazado gramatical de límites no lleva
asociada la pretensión filosófica de ser él quien decida qué es lo verdadero
y lo falso en el contenido de las tradiciones religiosas que quedan allende
el saber mundano socialmente institucionalizado. El respeto que va de la
mano de este abstenerse cognitivamente de todo juicio en este terreno, se
funda en el respeto por las personas y formas de vida que evidentemente
extraen su propia integridad y su propia autenticidad de sus convicciones
religiosas. Pero el respeto no es aquí todo, sino que la filosofía tiene
también muy buenas razones para mostrarse dispuesta a aprender de las
tradiciones religiosas.

En contraposición con la abstinencia ética de un pensamiento postmetafísico
al que necesariamente tiene que escapársele todo concepto de vida buena y
ejemplar que se presente como siendo universalmente obligatorio para todos,
en contraposición, digo, con lo que sucede en una posición postmetafísica,
resulta que en las Sagradas Escrituras y en las tradiciones religiosas han
quedado articuladas intuiciones acerca de la culpa y la redención, acerca de
lo que puede ser la salida salvadora de una vida que se ha experimentado
como carente de salvación, intuiciones que se han venido deletreando y
subrayando sutilmente durante milenios y que se han mantenido
hermenéuticamente vivas. Por eso en la vida comunitaria de las comunidades
religiosas, en la medida en que logran evitar el dogmatismo y la coerción
sobre las conciencias, permanece intacto algo que en otros lugares se ha
perdido y que tampoco puede reconstruirse con sólo el saber profesional de
los expertos, me refiero a posibilidades de expresión suficientemente
diferenciadas y a sensibilidades suficientemente diferenciadas en lo que
respecta a la vida malograda y fracasada, a patologías sociales, al malogro
de proyectos de vida individual y a las deformaciones de contextos de vida
distorsionados. De la asimetría de pretensiones epistémicas (la filosofía no
puede pretender saber aquello que la religión se presenta sabiendo) permite
fundamentar una disponibilidad de la filosofía a aprender de la religión, y
no por razones funcionales, sino por razones de contenido, es decir,
precisamente recordando el éxito de sus propios procesos "hegelianos" de
aprendizaje. Con esto de "procesos hegelianos de aprendizaje" quiero decir
que la mutua compenetración de Cristianismo y metafísica griega no sólo dio
lugar a la configuración espiritual y conceptual que cobró la dogmática
teológica, y que esa mutua compenetración no solamente dio lugar en suma a
una helenización del Cristianismo que no en todos los aspectos fue una
bendición. Sino que por el otro lado fomentó también una apropiación de
contenidos genuinamente cristianos por parte de la filosofía. Ese trabajo de
apropiación cuajó en redes conceptuales de alta carga normativa como fueron
las formadas por los conceptos de responsabilidad, autonomía y
justificación, las formadas por los conceptos de historia, memoria, nuevo
comienzo, innovación y retorno, las formadas por los conceptos de
emancipación y cumplimiento, por los conceptos de extrañamiento,
interiorización y encarnación, o por los conceptos de individualidad y
comunidad. Ese trabajo de apropiación transformó el sentido religioso
original, pero no deflacionándolo y vaciándolo, ni tampoco consumiéndolo o
despilfarrándolo. La traducción de que el hombre es imagen de Dios a la idea
de una igual dignidad de todos los hombres que hay que respetar
incondicionalmente es una de esas traducciones salvadoras (que salvan el
contenido religioso traduciéndolo a filosofía). Es una de esas traducciones
que, allende los límites de una determinada comunidad religiosa, abre el
contenido de los conceptos bíblicos al público universal de quienes profesan
otras creencias o de quienes simplemente no son creyentes. Benjamin fue
alguien que muchas veces consiguió hacer esa clase de traducciones.

Sobre la base de esta experiencia de una liberación secularizadora de
potenciales de significado que, por de pronto, están encapsulados en las
religiones, podemos dar al teorema de Böckenförde un sentido que ya no tiene
por qué resultar capcioso. He mencionado el diagnóstico conforme al que el
equilibrio que en la modernidad se produce o tiene que producirse entre los
tres grandes medios de integración social (el dinero, el poder y la
solidaridad), conforme al que ese equilibrio, digo, corre el riesgo de
venirse abajo porque los mercados y el poder administrativo expulsan de cada
vez más ámbitos sociales a la solidaridad, es decir, prescinden de una
coordinación de la acción, producida a través de valores, normas y un empleo
del lenguaje orientado a entenderse. Y así, resulta también en interés del
propio Estado constitucional el tratar con respeto y cuidado a todas
aquellas fuentes culturales de las que se alimenta la conciencia normativa
de solidaridad de los ciudadanos. Es esta conciencia que se ha vuelto
conservadora, lo que se refleja en la expresión "sociedad postsecular"[8].
Esta expresión no solamente se refiere al hecho de que la religión se afirma
crecientemente en el entorno secular y de que la sociedad ha de contar
indefinidamente con la persistencia de comunidades religiosas. La expresión
"postsecular" tampoco pretende sólo devolver a las comunidades religiosas el
reconocimiento público que se merecen por la contribución funcional que
hacen a los motivos y actitudes deseadas, es decir, a motivos y actitudes
que vienen bien a todos. En la conciencia pública de una sociedad
postsecular se refleja más bien una intuición normativa que tiene
consecuencias para el trato político entre ciudadanos creyentes y ciudadanos
no creyentes. En la "sociedad postsecular" acaba imponiéndose la convicción
de que "la modernización de la conciencia pública" acaba abrazando por igual
a las mentalidades religiosas y a las mentalidades mundanas (pese a las
diferencias de fases que pueden ofrecer entre si) y cambia a ambas
reflexivamente. Pues ambas partes, con tal de que entiendan en común la
secularización de la sociedad como un proceso de aprendizaje, ambas partes,
digo, pueden hacer su contribución a temas controvertidos en el espacio
público, y entonces también tomarse mutuamente en serio por razones
cognitivas.

[6. Qué puede esperar el Estado liberal de creyentes y no creyentes]
Por el lado de la conciencia religiosa, ésta se ha visto obligada a hacer
procesos de adaptación. Toda religión es originalmente "imagen del mundo" o,
como dice Rawls, una comprehensive doctrine (una doctrina omniabarcante), y
ello también en el sentido de que reclama autoridad para estructurar una
forma de vida en conjunto. A esta pretensión de monopolio interpretativo o
de configuración global de la existencia hubo de renunciar la religión al
producirse la secularización del saber, y al imponerse la neutralidad
religiosa inherente al poder estatal y la libertad generalizada de religión.
Y con la diferenciación funcional de subsistemas sociales, la vida religiosa
de la comunidad se separa también de su entorno social. El papel de miembro
de esa comunidad religiosa se diferencia del papel de persona privada o de
miembro de la sociedad, en el sentido de que ambos papeles dejan de
solaparse ya exactamente. Y como el Estado liberal depende de una
integración política de los ciudadanos que tiene que ir más allá de un mero
modus vivendi (es decir, que tiene que contener un fuerte contenido
normativo autónomo), esta diferenciación que se produce en el carácter de
miembro de las distintas esferas sociales no puede agotarse y no puede
reducirse a una adaptación del hecho religioso a las normas impuestas por la
sociedad secular, en términos tales que el ethos religioso renunciase a toda
clase de pretensión. Más bien, el orden jurídico universalista y la moral
social igualitaria han de quedar conectados desde dentro al ethos de la
comunidad religiosa de suerte que lo primero pueda también seguirse
consistentemente de lo segundo. Para esta "inserción" John Rawls ha
recurrido a la imagen de un módulo: este módulo de la justicia mundana, pese
a que esté construido con ayuda de razones que son neutrales en lo tocante a
cosmovisión, tiene que encajar en los contextos de fundamentación de la
ortodoxia religiosa de que se trate[9].

Esta expectativa normativa con la que el Estado liberal confronta a las
comunidades religiosas concuerda con los propios intereses de éstas en el
sentido de que con ello les queda abierta a éstas la posibilidad de, a
través del espacio público-político ejercer su influencia sobre la sociedad
en conjunto. Ciertamente, las cargas de la tolerancia, como demuestran las
regulaciones más o menos liberales acerca del aborto, no están distribuidas
simétricamente entre creyentes y no creyentes; pero tampoco para la
conciencia secular el gozar de la libertad negativa que representa la
libertad religiosa, tampoco, digo, para la conciencia secular ese goce se
produce sin costes. Pues de esa conciencia se espera que se ejercite a sí
misma en un trato autorreflexivo con los límites de la Ilustración. La
comprensión de la tolerancia por parte de las sociedades pluralistas
articuladas por una constitución liberal, no solamente exige de los
creyentes que en el trato con los no creyentes y con los que creen de otra
manera se hagan a la evidencia de que razonablemente habrán de contar con la persistencia indefinida de un disenso: sino que por el otro lado, en el
marco de una cultura política liberal también se exige de los no creyentes
que se hagan asimismo a esa evidencia en el trato con los creyentes. Y para
un ciudadano religiosamente amusical esto significa la exigencia, la
exigencia, digo, nada trivial, de determinar también autocríticamente la
relación entre fe y saber desde la perspectiva del propio saber mundano.
Pues la expectativa de una persistencia de la no-concordancia entre fe y
saber sólo merece el predicado de "racional" (es decir, sólo merece llamarse
una expectativa racional) si, también desde el punto de vista del saber
secular, se admite para las convicciones religiosas un estatus epistémico
que no quede calificado simplemente de irracional (por ese saber secular).
Así pues, en el espacio público-político las cosmovisiones naturalistas que
se deben a una elaboración especulativa de informaciones científicas y que
son relevantes para la autocomprensión ética de los ciudadanos[10], de
ninguna manera gozan prima facie de ningún privilegio frente a las
concepciones de tipo cosmovisional o religioso que están en competencia con
ellas. La neutralidad cosmovisional del poder del Estado que garantiza
iguales libertades éticas para cada ciudadano es incompatible con cualquier
intento de generalizar políticamente una visión secularística del mundo. Y
los ciudadanos secularizados, cuando se presentan y actúan en su papel de
ciudadanos, ni pueden negar en principio a las cosmovisiones religiosas un
potencial de verdad, ni tampoco pueden discutir a sus conciudadanos
creyentes el derecho a hacer contribuciones en su lenguaje religioso a las
discusiones públicas. Una cultura política liberal puede esperar incluso de
los ciudadanos secularizados que arrimen el hombro a los esfuerzos de
traducir del lenguaje religioso a un lenguaje públicamente accesible
aquellas aportaciones (del lenguaje religioso) que puedan resultar
relevantes.[11]
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[1]  E.-W. Böckenförde, Die Entstehung des Staates als Vorgang der
Säkularisation (1967), en: Idem, Recht, Staat, Freiheit, Frankfurt 1991, pp.
92 ss, aquí p. 112.
[2] J. Habermas, Die Einbeziehung des Anderen, Frankfurt 1996.[3] J. Habermas, Facticidad y validez, traducción M. Jiménez Redondo, Madrid
1998.
[4] H. Brunkhorst, "Der lange Schatten  des Staatswillenspositivismus",
Leviathan 31, 2003, 362-381.
[5] Böckenförde (1991), p. 111.[6] Cfr. Jurgen  Habermas, Identidades nacionales y postnacionales,
traducción de Manuel Jiménez Redondo, Madrid 1989.
[7]  P. Neuner, G. Wenz (Ed.), Theologen des 20. Jahrhunderts, Darmstadt
2002.
[8]  K. Eder, "Europäische Säkularisierung - ein Sonderweg in die
postsäkulare Gesellschaft?", Berliner Journ. f. Soziologie, vol. 3, 2002,
331-343.
[9]  J. Rawls, Political Liberalism, New York, 1993, 12 s., 145.
[10]  Véase por ejemplo W. Singer, "Nadie puede ser de otra manera que como
es. Nuestras conexiones cerebrales nos fijan. Deberíamos dejar de hablar de
libertad", FAZ de 8 de enero 2004, 33.
 [11]  J. Habermas, Glauben und Wissen , Frankfurt, 2001.

Peones Negros se suma a las concentraciones convocadas por la AVT en toda España.

Peones Negros se suma a las concentraciones convocadas por la AVT en toda España.

Peones Negros se suma a las concentraciones convocadas por la AVT en toda España.

La Plataforma Ciudadana Peones Negros apoya y se suma a todas las concentraciones convocadas por la AVT delante de los Ayuntamientos de todos los pueblos y ciudades de España el día 2 de enero a las 12 de la mañana, para que los ciudadanos puedan expresar su repulsa por el último atentado terrorista y mostrar su rechazo al proceso de cesión ante la banda terrorista ETA.

Ante las manifestaciones del Gobierno tras el último atentado terrorista, declarando que no se rompe el proceso negociador, aunque pueda suspenderse temporalmente, la Plataforma Ciudadana Peones Negros considera que esta postura es absolutamente errónea y contraproducente para lograr el fin de los asesinatos, ya que proporciona esperanzas a los terroristas de que sus acciones tendrán, en el futuro, el fruto deseado. La única forma de combatir la extorsión consiste en transmitir a los terroristas, y a los que les apoyan, la firmeza y la seguridad de que el Estado nunca cederá, convenciéndoles de que todos sus esfuerzos serán inútiles.

Por ello, Peones Negros apoya la convocatoria de la AVT haciendo un llamamiento a los ciudadanos para concentrarse ante las puertas de los Ayuntamientos de todos los pueblos y ciudades de España el día 2 de enero a las 12 del mediodía, con el fin de expresar su repudio a las acciones terroristas y exigir al gobierno la vuelta al “Pacto por las Libertades y contra el Terrorismo”, mediante la correcta aplicación de la Ley de Partidos y la ruptura de todo contacto con ETA y su entorno.


Para mayor información pueden consultarse las páginas siguientes:

www.peonesnegrosBCN.com
www.peonesnegros.es
www.fondodocumental.com
www.luisdelpino.com



GRANADA: LA TOMA, UNA CELEBRACIÓN HISTÓRICA MUY ACTUAL.

GRANADA: LA TOMA, UNA CELEBRACIÓN HISTÓRICA MUY ACTUAL.

GRANADA: LA TOMA, UNA CELEBRACIÓN HISTÓRICA MUY ACTUAL.
 

 

Todos los años tenemos la misma cantaleta: hay que modificar los actos de la toma . Sus detractores, argumentando que es ofensiva para otras culturas y un nido de ultras, exigen modificaciones substanciales en su forma y en su contenido. Son los mismos que no hacen el mínimo esfuerzo por entender nuestra historia - su propia historia - y prefieren autoflagelarse analizado el pasado con la mentalidad de hoy en día.   Un necesario conocimiento de nuestro pasado que no es incompatible con apostar, actualmente, por el entendimiento, respeto y colaboración entre las tres culturas.

 

En mi opinión, esta fiesta, que cuenta con unos quinientos años de antigüedad, aunque sólo fuera para mantener su valor cultural, tendría que permanecer lo más intacta posible. asimismo, no tendría sentido celebrar, sin presencia de nuestro ejército, una victoria militar; y sería una falta de protocolo ya que se escolta una enseña nacional: el Pendón de los Reyes Católicos.

 

Pero la Toma de Granada no supuso simplemente una victoria militar, ni siquiera la culminación de la añorada recuperación, por parte de los Reyes Católicos, del territorio del reino visigodo perdido. Por un lado, con la unión de sus reinos y la recuperación de Granada, nace la nación española y se inició la edad moderna de la mano de unos soberanos que acaban con el feudalismo, impulsan la economía, las instituciones, las artes y aplican por igual la justicia tanto a nobles como a plebeyos. Además, la terminación de las campañas militares permitió realizar la empresa más importante de nuestra historia: el descubrimiento, civilización y evangelización de América.

 

Por otro lado, quisiera ir en mi reflexión aún más lejos. Como español y granadino del S.XXI pienso que esta celebración sigue siendo plenamente actual. Basta ver, por ejemplo, el grado de democracia, desarrollo económico, libertad civil y religiosa que disfrutamos actualmente en España y compararla con el atraso, que en estos aspectos, sufre la población de los países que se consideran herederos del antiguo reino Nazarí de Granada, para sentirme orgulloso de ser español por nuestro pasado y por nuestro presente; y ver con preocupación nuestro futuro, por culpa de la ambición de muchos de nuestros políticos.

 

No quiero pasar por alto otro aspecto que ensombrece esta celebración: la presencia de grupos, que buscando un poco publicidad, se autoproclaman defensores de esta fiesta y lo único que consiguen es dar argumentos a sus detractores. Les pido, a los unos y a los otros, que nos dejen la fiesta en paz.

 

Manuel Maldonado.

 

El origen de la ideología de género

El origen de la ideología de género

El origen de la ideología de género


Pensando en el por qué los partidos autodenominados progresistas (PSOE, IU, ERC) y los medios afines siempre que hacen referencia a la violencia  doméstica u otros aspectos de la vida y relaciones entre hombres y mujeres utilizan el término género, he llegado a la conclusión que alguna relación debe tener con su ideología o que están cambian de ella hacia la llamada de género. Hace unos día leía que el primero en relacionar el sexo con la lucha de clases fue Federico Engels en su libro "El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado", escrito en 1884, en el que su autor dice textualmente: "El primer antagonismo de clases de la historia coincide con el desarrollo del antagonismo entre el hombre y la mujer unidos en matrimonio monógamo, y la primera opresión de una clase por otra, con la del sexo femenino por el masculino". No sé si estaba en la mente de Engels el convertirse en el fundador del actual feminismo de género, pero el hecho indudable es que él fue el primero en postular la lucha de sexos como anterior y precursora de la lucha de clases. Tras el fracaso estrepitoso de ésta, los neomarxistas vuelven a retomar la primera y a desarrollar todo un gazpacho ideológico llamado "ideología de género". No estoy seguro de dar en
el clavo, pero si en que tienen una relación directa.

Jesús D Mez Madrid

DICCIONARIO COMO ARMA POLÍTICA

DICCIONARIO COMO ARMA POLÍTICA

DICCIONARIO COMO ARMA POLÍTICA

 

Stalin afirmaba que «de todas las fuerzas de que disfruta el Estado, ninguna es tan crucial como su monopolio sobre la definición de las palabras. El arma esencial para el control político será el diccionario».ZP ha hecho suya esta afirmación y ha puesto manos a la obra. Ha logrado una separación cada vez mayor entre el pensamiento, la realidad y las palabras con que se expresa, lo cual se convierte en objeto de manipulación.El diccionario amañado se convierte en el principal aliado de la mentira, solo que ahora los engaños se hacen de forma mas sibilina, sinuosa y efectiva con capacidad para burlar fácilmente incluso a los intelectuales. La mentira se ha elevado a dogma político. Se empieza por eliminar el uso de palabras que contengan significados no acordes con lo políticamente correcto. Así: 1.- Respecto al sexo. Ya no se encuentran en los medios de comunicación palabras tales como: Castidad, decencia, pudor, honestidad, vergüenza, honradez, modestia, pureza,…que van contra la deseada libertad de sexo. 2.- Las palabras honor, honra, pundonor, gloria,...carecen de sentido cuando no se cree en la Patria, nombre que se cambia por el de “este País”,  “esta nación” o “esta comunidad”. No se muere por la Patria y no importa que esta sea una o 17 nacioncitas. Se muere por la ideología del partido gobernante que es el que nos da de comer3.- En educación no se encuentran palabras clásicas como trabajo, disciplina, educación, buenas maneras, urbanidad, responsabilidad,…A la escuela no se va más que a aprender, básicamente, la ideología dominante, para que los que mandan puedan seguir tranquilamente en “el machito”  La igualdad se ha elevado a la categoría de dogma y como no todos pueden ser iguales en saber ni en inteligencia, pues : ¡Todos aprobados!4.- Lo bueno y lo malo han desaparecido, de acuerdo con la Teoría de la Relatividad imperante. Lo bueno o lo malo es lo que nos interesa, lo que da poder, placer, fama o dinero. Durante más de tres mil años nos hemos regido por Los Diez Mandamientos de Yahvé que ahora serán suplantados por los que, democráticamente, decida el Parlamento o el gobernante de turno que nos dirán  lo que es bueno o malo, hasta que cambien de parecer o cambie el gobierno. Entonces, vuelta a empezar.5.-Lógicamente, las palabras eliminadas serán suplantadas por las de significado contrario. En la actualidad,  nos encontramos con palabras que fomentan el sexo, la destrucción de la familia, de la religión, del matrimonio,… En todas parte aparecen las palabras paz, diálogo, justicia, talante, …para justificar situaciones o hechos que nada tienen que ver  con dichas palabras.6.- Como hay que justificarse ante el pueblo, los gobernantes piden la opinión de la Real Academia Española de la Lengua –RAE- y esta, que sabe su cometido, suele contestar: ¡Nones! Pérez Reverte replica el nº, 999 de el Semanal que  “Tales soplacirios creen que un diccionario es un mercadillo donde todos pueden trapichear a su aire, de cara al voto tal o la legislatura cual; y que tanto la RAE como la lengua que cuida y registra en su instrumento principal están sujetas a las decisiones de los parlamentos, las leyes o los gobiernos de turno” Como es natural y obvio el político de turno prefiere, porque le interesa, lo políticamente correcto a la corrección lingüística. Así nos va.

Nos bastarán unos cuantos ejemplos para darse idea de la tramoya

 
ZP dice hay que decir o llamarA lo que siempre llamamos

Libertad sexualAbortos o a los cambios de pareja
Píldora del día despuésAbortivo
Alianza de civilizacionesAlianza de vacilaciones y tiranos
Buen talanteRendirse a todo. Sin talento
Diálogo con los terroristasBajarse los pantalones. Rendición
Hombres y mujeresHombres
Este paísEspaña o Patria
Hechos diferencialesExigir más dinero,
Interrupción voluntaria del embarazoAborto o asesinato legal
Matrimonio entre dos de igual sexo“unión” homosexuales
PazDestrucción de la  ley
Política  eficazMoratino al habla
Política antiterroristaPolítica terrorista
Política internacionalSolo con tiranos
Política internacional buenaSin interlocutores
Proceso de pazBajada de pantalones
Progenitor A Progenitor BPadre o Madre
Reconocer Diversidad efectivo-sexualTodo vale en el sexo
Violencia de género (una gili..)Violencia de “sexo” o doméstica
 Cierto que bastantes personas han aprendido a detectarlas y traducirlas a la realidad pero son muchos más los cogidos en las trampas dialécticas con serias dificultades de poder salir de ellas. Recordemos al “Nunca mais” o el “No a la guerra” palabras que, lógicamente, inclinan a un rotundo sí; pero que si se aclaran un poquito , se quedan en  tomaduras de pelo propagandísticas. Cuando se dijo no a la guerra se referían solo a la Irak no a las otras 35 guerras vigentes desde el año 1945; cuando se exigió “nunca mais” no se explicó que los barcos se hunden, desde siempre, donde mejor les parece pues aún no son de derechas ni de izquierdas, y se silenció la rápida reacción del gobierno.Ante esta situación, Reverte remata la faena con :Esta España ombliguera  y absurda, envilecida por el más difícil todavía de la cochina política, olvida que una lengua sólo está sometida a sí misma, al conjunto de quienes la hablan y a las gramáticas, ortografías y diccionarios que, elaborados por lingüistas, lexicógrafos y autoridades, la fijan y registran de modo notarial…Y ojo: no es sólo una Academia, sino veintidós instituciones hermanas en España, América y Filipinas” Mérida, 31 de diciembre 2006                                             Alejo Fernández Pérez

El Congreso “Mujer y realidad del aborto” estudiará la realidad social del aborto en España: un millón de abortos desde su despenalización hace 20 años.

El Congreso “Mujer y realidad del aborto” estudiará la realidad social del aborto en España: un millón de abortos desde su despenalización hace 20 años.

El Congreso “Mujer y realidad del aborto” estudiará la realidad social del aborto en España: un millón de abortos desde su despenalización hace 20 años.  
 El drama del aborto alcanza cada vez a más mujeres en España. El informe anual del Ministerio de Sanidad cifra en más de 91.000 el número de interrupciones voluntarias del embarazo (6.500 más que en 2004), con los que se supera el millón desde 1985.
  El Foro Español de la Familia, está organizando un congreso de estudio científico de alto nivel  de esta problemática socio-sanitaria, que se celebrará en el mes de Marzo en Cáceres. A él tienen confirmada ya su participación prestigiosos especialistas en Derecho, Medicina, Filosofía, Bioética o Educación que desde una perspectiva multidisciplinar integrarán con rigor las aportaciones de distintas ciencias para poder llegar a unas conclusiones que den respuesta a esta situación. Entre los muchos  especialistas que asistirán  se encuentran Manuel Jiménez de Parga ( ex presidente del Tribunal Constitucional), José Luís Requero ( Vocal del CGPJ), José Gabaldón ( ex presidente del Tribunal Constitucional y presidente del Foro Español de la Familia), Aquilino Polaino ( Catedrático de Psicopatología de la Universidad San Pablo CEU), Isilda Pegado ( diputada portuguesa presidenta de la Federación Portuguesa por la Vida) Isabel Bazo ( Presidente de CECE y miembro del Consejo Escolar del Estado) o Luís Peral ( Consejero de Educación de la Comunidad de Madrid)  Este acontecimiento cultural está co-organizado por la Universidad de Extremadura, que ha concedido 1 crédito de libre elección para su alumnos, y cuenta con la colaboración de otras universidades desde las cuales asistirán distintos profesores como la Universidad Autónoma de Madrid, la Universidad Publica de Murcia, la Universidad de Navarra, la Universidad Católica de Ávila, la Universidad San Pablo CEU, la Universidad de Valencia o la Universidad de Alcalá de Henares.  En el evento, que se está configurando como un gran foro de debate, reflexión y estudio  de esta realidad, participarán también dentro de un simposio representantes de distintas asociaciones que trabajan en este campo. Benigno Blanco, vicepresidente del Foro Español de la Familia, presentará  el programa RedMadre que tiene como fin el  apoyar a la mujer embarazada en riesgo de aborto. En este mismo sentido el Foro está poniendo en marcha 17 Iniciativas Legislativas Populares, una por cada Comunidad Autónoma española. Mariano Martínez-Aedo y Rojo, Vicepresidente del Instituto de Política Familiar (IPF) expondrá los estudios estadísticos que su Instituto ha realizado sobre la opinión de los españoles sobre este tema. Ignacio Arsuaga de la plataforma Hazte Oir org, Gádor Joya de la Plataforma Hay Alternativas o Conrado Jiménez de la Fundación Madrina serán otros de los participantes en este simposio.  La celebración del congreso coincide con un nuevo record de interrupciones voluntarias del embarazo en España.  El 5 de Julio de 1.985 se despenalizaba el aborto en España con la ley orgánica 9/1985Desde ese momento comienza una progresión en el número de abortos. Ya en 1.987 se notificaron 16.766 abortos desde 29 centros. En 1.996 el total era de 51.002 abortos. Los últimos datos ofrecidos por el Ministerio de Sanidad y Consumo son los de 2.005 que arroja la cifra de 91.664 interrupciones voluntarias del embarazo notificados desde 134 centros. Esto supone un incremento respecto al año 2.004, en que se contabilizaron 84.985 abortos, de un 7´68% y respecto al citado 1.996 de un 80%. Teniendo en cuenta que el número de nacimientos anuales se sitúa en torno a los 465.000, los 91.664 abortos citados suponen un 16´4% de los mismos. Se realiza una interrupción cada 5 minutos, que corresponde a unas 250 diarias. La cifra de abortos registrados por el Ministerio de Sanidad desde su despenalización es de 1.021.027.   Las personas interesadas en tener mayor información de este evento pueden visitar la Web www.mujeryaborto.com . Desde ella también se puede hacer la inscripción para asistir.   + INFORMACIÓN prensa@mujeryaborto.com 

Feliz Navidad de Cambiar el MUndo de cambiaelmundo podcast

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