Blogia
Blog Almena, noticias y opiniones desde la libertad

Rincón para reflexionar

Reina y Madre de sus queridos hijos

Reina y Madre de sus queridos hijos

Fuente: Catholic.net
Autor: P Mariano de Blas LC


Voy a escribir una carta destinada a la Virgen María en el cielo. Una forma muy sencilla y profunda de manifestar el aprecio y cariño a una persona es a través de una carta. Lo importante no es mi carta sino la que tú escribas a María desde el fondo de tu corazón.

Querida y respetable señora, queridísima madre:

Sé que estoy escribiendo a la mujer más maravillosa del mundo.
Y esto me hace temblar de regocijo, de amor y de respeto.

Cuántas mujeres en el mundo, queriendo parecerse a ti, llevan con orgullo santo el dulce nombre de María. Cuantas iglesias dedicadas a tu nombre.

Tú eres toda amor, amor total a Dios y amor misericordiosísimo a los hombres, tus pobres hijos. Eres el lado misericordioso y tierno del amor de Dios a los hombres, como si tu fueses la especie sacramental a través de la cual Dios se revela y se da como ternura, amor y misericordia.

Estoy escribiendo una carta a la Madre de Dios: Esa es tu grandeza incomparable. Eres la gota de rocío que engendra a la nube de la que Tú procedes.

Me mereces un respeto total, al considerar que la sangre que tu hijo derramó en el Calvario es la sangre de una mártir, es tu propia sangre; porque Dios, tu hijo, lleva en sus venas tu sangre, María.

Pero el respeto que me mereces como Madre de Dios se transforma en ímpetu de amor, al saber que eres mi madre desde Belén, desde el Calvario, y para siempre.

Y por eso, después de Dios me quieres como nadie. Yo sé que todos los amores juntos de la tierra no igualan al que Tú tienes por mí. Si esto es verdad, no puedo resistir la alegría tremenda que siento dentro de mi corazón.

Pero ese amor es algo muy especial, porque soy otro Jesús en el mundo, alter Christus.
Tú lo supiste esto antes que ningún teólogo, desde el principio de la redención. No puedo creer que me mires con mucho respeto.

Para ti un sacerdote es algo sagrado. Agradezco a tu Hijo, al Niño aquél, maravilla del mundo, que todavía contemplo reclinado en tus brazos, su sonrisa, su caricia y su abrazo que quedaron impresos a fuego en mi corazón para siempre.


Oh bendito Niño que nos vino a salvar.
Oh bendita Madre que nos lo trajiste.

Contigo nos han venido todas las gracias, por voluntad de ese Niño. Todo lo bueno y hermoso que me ha hecho, me hace y me hará feliz, tendrá que ver contigo. Por eso te llamamos con uno de los nombres más entrañables: Causa de nuestra alegría.

He sabido que tu Hijo dijo un día: "Alegraos más bien de que vuestos nombres estén escritos en el cielo" Sí. Escritos en el cielo por tu mano, Madre amorosísima. Cuando dijiste sí a Dios, escribiste nuestos nombres en la lista de los redimidos. Y esta alegría nos acompaña siempre, porque Tú tambien como Jesús estás y estarás con nosotros todos los días de nuestra vida.

¡Qué hermosa es la vida contigo, junto a ti, escuchándote, contemplando tus ojos dulcísimos y tu sonrisa infinita! También como a Dios, yo te quiero con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas.

Sigo escribiendo mi carta a la que es puerta del cielo. ¡Cómo he soñado desde aquel día,
en que experimenté el cielo en aquella cueva, en vivir eternamente en ese paraíso! Junto a Dios y junto a ti, porque eso es el cielo. La puerta de la felicidad eterna, sin fin, tiene una llave que se llama María.

Cuanto anhelo ese momento en que tu mano purísima me abra esa puerta del cielo eterno y feliz.

Oh Madre amantísima, eres digna de todo mi amor, por lo buena que eres, por lo santa, santísima que eres, la Inmaculada, la llena de gracia, por ser mi Madre, por lo que te debo: una deuda infinita, porque, después de Dios, nadie me quiere tanto, por tu encantadora sencillez.

Yo sé, Madre mía, que, después de ver a Dios, el éxtasis más sublime del cielo será mirarte a los ojos y escuchar que me dices: Hijo mío, Y sorprenderme a mí mismo diciendo: Madre bendita, te quiero por toda la eternidad.

Oh Virgen clementísima, Madre del hijo pródigo -Yo soy el hijo pródigo de la parábla de tu hijo- que aprendiste de Jesús el inefable oficio de curar heridas, consolar las penas, enjugar las lágrimas, suavizar todo, perdonar todo. Perdóname todo y para siempre, oh Madre.

Bellísima reina, Madre del amor hermoso, toda hermosa eres,María. Eres la delicia de Dios, eres la flor más bella que ha producido la tierra. Tu nombre es dulzura, es miel de colmena. Dios te hizo en molde de diamantes y rubíes. Y después de crearte, rompió el molde. Le saliste hermosísima, adornada de todas las virtudes, con sonrisa celestial...

Y cuando Él moría en la cruz, nos la regaló.
Por eso, Tú eres toda de Jesús por derecho.
y toda de nosotros por regalo.

Todo tuyo y para siempre.


CONCLUSIÓN:

Asistimos hoy al desamparo de muchas madres que sufren antes de crear hijos, que siguen sufriendo al engendrarlos, y sufren mucho más al tener que educarlos, por no mencionar a las madres que suprimen a algún hijo. Todas tienen una Abogada en el cielo, que les ayuda misericordiosamente por ser Ella también mujer y madre. Todas las que deseen saber cómo es, cómo ama y cómo se realiza una mujer deben mirar al cielo y contemplar a su celestial patrona e intercesora, la redentora de la mujer, de su maternidad, de su amor y de su felicidad en la tierra y en el cielo.


Oración:

El cielo es tu sitio, Virgen María. Y el cielo es también el sitio para tus hijos. No permitas que los hijos de una madre que vivió y murió de amor, vivan y mueran de hastío. Llévanos al cielo. Haznos vivir en la tierra como quienes están de paso hacia la felicidad eterna. Que dejemos pasar lo pasajero y nos aferremos a lo eterno. Amén.




  • Preguntas o comentarios al autor P. Mariano de Blas LC

    Escucha al Padre Mariano de Blas Audios en mp3.
  • 22 mayo Ustedes darán testimonio

    Ustedes darán testimonio

    Fuente: Catholic.net
    Autor: Xavier Caballero

    Juan 15,26. 16,4.

    En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Cuando venga el Paráclito, que yo os enviaré de junto al Padre, el Espíritu de la verdad, que procede del Padre, Él dará testimonio de mí. Pero también vosotros daréis testimonio, porque estáis conmigo desde el principio. Os he dicho esto para que no os escandalicéis. Os expulsarán de las sinagogas. E incluso llegará la hora en que todo el que os mate piense que da culto a Dios. Y esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Os he dicho esto para que, cuando llegue la hora, os acordéis de que ya os lo había dicho.


    Reflexión


    Para oír basta con no estar sordo. Para escuchar hacen falta muchas otras cosas: tener un alma despierta; abrirla para recibir al que, a través de sus palabras, entre en ti; ponerte en la misma longitud de onda que el que está conversando con nosotros; olvidarnos por un momento de nosotros mismos y de nuestros pensamientos para preocuparnos por la persona y los pensamientos del prójimo. ¡Todo un arte!

    Este relacionarse, «ser social», es algo propio, natural de todo hombre. "La vida social no es, pues, para el hombre sobrecarga accidental. Por ello, a través del trato con los demás, de la reciprocidad de servicios, del diálogo con los hermanos, la vida social engrandece al hombre en todas sus cualidades y le capacita para responder a su vocación". (Gaudium et Spes, nn. 24-25)

    El mensaje que Jesús nos propone hoy retumba fuertemente en el mundo actual. Nos promete que nos enviará al Consolador. Nos dice que daremos testimonio de Él. Y nos previene para que no nos escandalicemos: seremos perseguidos, calumniados, e incluso, muchos morirán en su nombre. Este es el resumen del cristianismo a lo largo de dos milenios. Un Espíritu que sopla y conforta. Un testimonio único e invaluable de caridad cristiana. Un número incontable de mártires y defensores de la fe. Para un enfermo es la compañía sonriente la mejor de las medicinas. Para un anciano no hay ayuda como un rato de conversación sin prisas y un poco de comprensión. El indigente necesita más nuestro cariño que nuestra limosna. Para el parado es tan necesario sentirse persona trabajando como el sueldo por el trabajo que le pagarán. Y es que la esencia del cristianismo es la caridad. No hay tarea más hermosa que dedicarse a tender puentes hacia los hombres y hacia las cosas. Sobre todo en un tiempo en que abundan los constructores de barreras.

    En un mundo de zanjas ¿qué mejor que dedicarse a la tarea de superarlas? En este sentido, tenemos un gran ejemplo en Juan Pablo II. Un cristiano auténtico que supo acoger en su alma al Espíritu Santo. Que dió testimonio de Cristo en todo el mundo. Que vivió la caridad y aceptó el dolor por el bien de la Iglesia y del Reino de Dios.

    Cuando un jugador de fútbol de la talla del croata Savor Šuker, describe su encuentro con el Papa Juan Pablo II dice: «Este encuentro con el Papa, para mí, vale más que cualquier victoria en un partido de fútbol. Yo soy futbolista, pero lo que realmente queda en la vida son otras cosas, y entre éstas, el testimonio de fe que el Santo Padre ofreció a todo el mundo».. O aquella del chileno Marcelo Salas, tras haber saludado al Papa por primera vez: «No sé ni siquiera describirlo. He experimentado una alegría inolvidable. He soñado con encontrarle a lo largo de muchos años. He tenido una oportunidad excepcional».

    Todo cristiano está llamado a dar testimonio de fe, de amor y de santidad. Ojalá que quien se acerque a nosotros se quede marcado para siempre, no por nuestra personalidad o nuestras cualidades, sino porque somos reflejo del amor de Cristo al hombre, a todo hombre. Que se diga de nosotros lo mismo que se decía sobre los primeros cristianos: «¡Mirad, cómo se aman!».


    __________________________

    Treinta días de oración a la Reina del Cielo. A lo largo del mes de mayo, tengamos a María presente en nuestro corazón y en nuestros hogares, entregándole un ramo de Rosas de oración.













    Catholic.net busca unir los esfuerzos de todos los católicos en la red, con el fin de dar una mayor visibilidad y promoción al trabajo evangelizador que realizan las diversas instituciones y realidades eclesiales en Internet, brindando además, servicios de alta calidad y contenidos fieles al Magisterio de la Iglesia.

    21 mayo “El trono de María es la Cruz”

    TEXTOS DE SAN JOSEMARÍA
     21 de mayo de 2006
    “El trono de María es la Cruz”
    Admira la reciedumbre de Santa María: al pie de la Cruz, con el mayor dolor humano -no hay dolor como su dolor-, llena de fortaleza. -Y pídele de esa reciedumbre, para que sepas también estar junto a la Cruz. (Camino, 508)

    El trono de María, como el de su hijo, es la Cruz. Y durante el resto de su existencia, hasta que subió en cuerpo y alma a los Cielos, es su callada presencia lo que nos impresiona. San Lucas, que la conocía bien, anota que está junto a los primeros discípulos, en oración. Así termina sus días terrenos, la que habría de ser alabada por las criaturas hasta la eternidad.

    ¡Cómo contrasta la esperanza de Nuestra Señora con nuestra impaciencia! Con frecuencia reclamamos a Dios que nos pague enseguida el poco bien que hemos efectuado. Apenas aflora la primera dificultad, nos quejamos. Somos, muchas veces, incapaces de sostener el esfuerzo, de mantener la esperanza. Porque nos falta fe: ¡bienaventurada tú, que has creído! Porque se cumplirán las cosas que se te han declarado de parte del Señor (Lc I, 45.). (Amigos de Dios, 286) [Subir]

            http://www.opusdei.es/art.php?p=12228 
    Puede anular su suscripción pulsando el siguiente enlace:
            http://www.opusdei.es/subcription.php?a=c&ID=869dcc98-66176

     

    21 de Mayo La esperanza del cielo

    21 de Mayo   La esperanza del cielo


    80. La esperanza del cielo

    Sexto Domingo de Pascua

    I. El Señor, con su Pasión y Muerte nos ha preparado un lugar en la casa del Padre, donde hay muchas moradas. (Juan 14, 19-20). De nuevo vendré, dice a sus discípulos, y os llevaré junto a mí para que donde yo estoy estéis también vosotros. (Juan 14, 2). El pensamiento del Cielo nos ayudará a vivir el
    desprendimiento de los bienes materiales y a superar circunstancias difíciles.
    También en los momentos en que el dolor y la tribulación arrecien, cuando cueste la fidelidad y la perseverancia en el trabajo o en el apostolado. ¡El  premio es muy grande y está a la vuelta de la esquina! Nuestra muerte será el encuentro con Cristo, a quien hemos procurado servir a los largo de nuestra vida.

    II. "Vamos a pensar lo que será el Cielo. Ni ojo vio, ni oído oyó, ni pasó a hombre por pensamiento cuáles cosas tiene Dios preparadas para los que le aman.
    ¿os imagináis qué será llegar allí, y encontrarnos con Dios, y ver aquella hermosura, aquel amor que se vuelca en nuestro corazón, que sacia sin saciar?
    Yo me pregunto muchas veces al día: ¿qué será cuando toda la belleza, toda la bondad, toda la maravilla infinita de Dios se vuelque en este pobre vaso de
    barro que soy yo, que somos todos nosotros? Y entonces me explico aquello de Apóstol: ni ojo vio, ni oído oyó... Vale la pena, hijos míos, vale la pena" (J. ESCRIVÁ DE BALAGUER, en Hoja informativa, n. 1, de su proceso de beatificación, p. 5).

    III. Nuestro cuerpo resucitado tendrá las cualidades propias de los cuerpos gloriosos: agilidad y sutileza -es decir, no estar sometidos a las limitaciones del espacio y del tiempo-, la impasibilidad -no habrá ya muerte, ni llanto ni
    gemido, ni habrá más dolor...; ni tendrán ya más hambre, ni más sed..., enjugará  Dios  toda lágrima de sus ojos-, (  Apocalipsis 21, 3 ss.)
    la claridad, la belleza. Pensar en el Cielo da una gran serenidad, aquí todos los errores pueden ser reparados. El único fracaso definitivo sería no acertar con la puerta que lleva a la Vida. Allí nos espera también la Santísima Virgen.

     

    Fuente: Colección "Hablar con Dios" por Francisco Fernández Carvajal, Ediciones Palabra.
    Resumido por Tere Correa de Valdés Chabre

    Los libros de esta colección puedes comprarlos haciendo click aquí: www.edicionespalabra.es


    Gracias por suscribirse a meditar de  www.encuentra.com
    ---------------
    Para borrar, agregar, o actualizar servicios que lleguen a tu buzón de correo, por favor haz click en la siguiente dirección:

    http://www.encuentra.com/includes/aplicacion.php?IdApp=actualizar
    e introduce tu código personal y tu cuenta de correo: montoras@gmail.com

    Si ovidaste tu código personal, en esta misma dirección de internet la puedes solicitar.

    Si deseas borrar tu suscripcion y no cuentas con acceso a internet
    puedes mandar un correo a meditar_unsuscribe@encuentra.com

    ¿Dudas? ¿Sugerencias? ¿Cambios? Escríbenos a poremail@encuentra.com

    ---------------

    http://www.encuentra.com/
    El Portal Católico

    21 de Mayo Santa Gisela, San Eugenio de Mazenod, Beato Jacinto María Cormier y Mártires de México

    21 de Mayo

    7. Santa Gisela, San Eugenio de Mazenod, Beato Jacinto María Cormier y Mártires de México

    Santa Gisela

    Hija de Pipino el Breve y en consecuencia hermana de Carlomagno. Murió a principios del siglo IX. Nació en Aire donde creció en edad y belleza y tuvo como director espiritual al monje Venancio antiguo oficial de su padre que la encaminó a entregar su vida a Dios. Su vocación la reafirmó principalmente en tres ocasiones:

    La primera el negarse a casarse con el emperador de oriente Constantino Coprónimo. La segunda rechazó al rey de los lombardos y el tercer rechazado fue el rey de Escocia, el cual se condujo como un criminal por lo cual Gisela afeó su rostro y el pretendiente retiró su propuesta. Pero la santa recobró su
    belleza y este rey enojado por otra negativa mandó matar a Venancio. Este fue el último empujón para que Gisela se fuera al convento donde vivió treinta años hasta su muerte.

    San Eugenio de Mazenod

    Eugenio nació en Aix en Provence (Marsella) en 1782, estuvo hasta 1802 en Italia a motivo de la Revolución Francesa.  Su padre, que era presidente del Tribunal, tiene que abandonar la patria perseguido por los revolucionarios.
    Así, Eugenio, desde muy niño, conoció el sufrimiento y el exilio en Italia durante la Revolución Francesa.

    A la edad de 20 años, tomando conciencia de la desolación de la Iglesia y de la gran ignorancia religiosa en los ambientes populares, decidió hacer todo lo posible de su parte para responder a las necesidades de la Iglesia. Volviendo a
    su tierra, en Aix, se sintió fuertemente llamado al sacerdocio un Viernes Santo de 1807. Dejó todo y entro al seminario de Saint Sulpice a París y en 1811 fue ordenado sacerdote.  Le ofrecieron el cargo de vicario general de su diócesis, pero él lo rehusó pues quería ser "el servidor y sacerdote de los pobres", y volvió a Provenza. Reunió en torno a sí a un grupo de jóvenes, a pesar de la prohibición de Napoleón, que se ordenarían sacerdotes para despertar la fe a punto de extinguirse en el corazón de muchos.

    El 25 de enero de 1816 funda la Congregación de los Misioneros de Provenza (los futuro <strong>Oblatos de María Inmaculada</strong>) para evangelizar las tierras de Provenza
    descristianizadas a motivo de la Revolución. El 17 de Febrero de 1826 el Papa aprueba la Congregación y su Regla. Desde 1942 envía misioneros en todo el
    mundo, primero en Canadá, luego Sri Lanka y Lesotho. Muere el 21 de mayo de 1861
     
    Su congregación se fue extendiendo por todo el mundo:  Córcega, Canadá, Inglaterra, Irlanda, Estados Unidos, Sri Lanka y Sudáfrica.

    Poseía San Eugenio un sentido profundo de la paternidad espiritual y vivió intensamente en unión con sus hijos que misionaban lejos, en medio de
    dificultades diversas y a veces muy graves.  

    Beato Jacinto María Cormier (1832-1916)

    Luis Enrique Cormier nació en Orléans, Francia, hijo único de un comerciante de perfumes.  Ingresó en la Orden de Predicadores y se ordenó siendo tan joven que el obispo Dupanloup tuvo que pedir a la Santa Sede dispensa por motivos de edad y aducía como razón "la especial devoción del ordenando".

    A los pocos días el joven sacerdote se despidió de los suyos y se dirigió al noviciado dominicano de Flavigny.  Tomó el hábito de Santo Domingo y desde
    entonces su nombre sería Jacinto María.

    Debido a su delicada salud, fue trasladado a Italia a un clima más benigno y estuvo en Viterbo como sub-maestro de novicios. Fue después prior en varios
    conventos  y en 1896 se le confió el cargo de procurador general, con el cometido de trasladar asuntos de la orden a la Santa Sede. Llegó a ser maestro de la Orden de Predicadores y aunque su mala salud le privaba de visitar personalmente las diferentes provincias, restauró varias provincias y creo otras nuevas en Canadá y en California.

    Fundó el Colegio Internacional "Angelicum" en Roma, que puso al servicio de los hermanos de su orden así como otros innumerables religiosos y sacerdotes.

    Destacó siempre por su continuo espíritu de oración, habitual e íntima unión con Dios y devoción filiar hacia la Santísima Virgen. Tenía un exquisito
    sentido de la urbanidad y de la caridad fraterna. Fue amante de la pobreza, sincero en la humildad, penitente, y amante del silencio.

    Mártires de México (siglo XX)

    Víctimas de la persecución religiosa, de 1915 a 1937, dieron su vida por Cristo 22 presbíteros y 3 laicos, cuyas memorias y biografías se encuentran a lo largo del año.  Los encabeza San Cristóbal Magallanes (25 de mayo). Fueron beatificados por Juan Pablo II el 22 de noviembre de 1992, y canonizados el 21 de mayo de 2000.


    * Que no nos empujen para cumplir con los deberes molestos, hay que hacerlos hoy mismo con gusto.

     

    Gracias por suscribirse a santoral de www.encuentra.com
    ---------------
    Para borrar, agregar, o actualizar servicios que lleguen a tu buzón de correo, por favor haz click en la siguiente dirección:

    http://www.encuentra.com/includes/aplicacion.php?IdApp=actualizar
    e introduce tu código personal y tu cuenta de correo: montoras@gmail.com

    Si ovidaste tu código personal, en esta misma dirección de internet la puedes solicitar.

    Si deseas borrar tu suscripcion y no cuentas con acceso a internet
    puedes mandar un correo a santoral_unsuscribe@encuentra.com

    ¿Dudas? ¿Sugerencias? ¿Cambios? Escríbenos a poremail@encuentra.com

    ---------------

    http://www.encuentra.com/
    El Portal Católico

    Madre enséñame a orar contigo y como Tú lo hacías

    Madre enséñame a orar contigo y como Tú lo hacías

    Fuente: Catholic.net
    Autor: P Mariano de Blas LC



    Como la gallina a sus pollitos estabas con aquellos apóstoles asustados, infundiéndoles la fortaleza y el valor de una Madre. Les enseñaste a rezar, como Jesús les había enseñado, pues Tú eras una maestra insigne. Única. Bajo tu ejemplo ellos aprendieron a gustar la oración, a hacerlo de manera semejante a como Tú lo hacías. “Nosotros nos dedicaremos a la oración y a la predicación” diría más adelante Pedro a la comunidad de forma contundente.

    Orar con María: Cuanto hubiera disfrutado estando allí, viéndola orar, asimilando por contagio la oración de la criatura más santa y humilde: contemplar su rostro, sus ojos cerrados o semicerrados o mirando hacia lo alto; escuchar su corazón cantando con su bellísima voz, imitar su forma de arrodillarse, de cerrar sus manos. Orar con Ella, junto a Ella, ¡qué gran privilegio!

    Me imagino a los apóstoles, al verla orar tan extáticamente, suplicándole: “Enséñanos a orar contigo y como tú lo haces”. Oh Madre, yo también te digo: “Enséñame a orar contigo y como Tú lo hacías”. A los cristianos que se aburren en la oración o en la Misa, alcánzales el amor de los enamorados para que disfruten la alegría de orar.

    Tú obtuviste la gracia del Espíritu Santo a los apóstoles. Pedro te necesitaba más que nadie. Después de las negaciones se había roto; estaba herido y necesitaba los cuidados de una Madre para con su hijo enfermo. Pedro necesitaba de una Madre como Juan Pablo II. También él llevaba, si no en su escudo, sí en su corazón, el “Totus tuus” del actual Vicario de tu Hijo.

    Juan era el más parecido. Él de alguna manera compensaba y llenaba el hueco dejado por Jesús. “Ahí tienes a tu Madre”. Este encargo, hecho a todos, él se lo tomó infinitamente en serio.

    Tomás: Yo sé que convertiste a aquel hombre duro para creer en un hijo de fe, por la forma tan bella como Tú le enseñaste a creer.

    María Magdalena: Ya había comenzado su conversión, pero ella como mujer que era, y apasionada, copió mejor que los hombres tu hoguera de amor. Aquella que se había acostado en los basureros tenía ante sí un ejemplo de mujer pura, santa y toda amor. María Magdalena te copió con todas las fuerzas de su ser. Tu presencia la purificó totalmente y le hizo amar locamente la pureza y abominar del pecado.

    Debes repetir el milagro de Pentecostés en la Iglesia y en cada uno de nosotros, en mí. Aunque no sea vea la llama de fuego, que me abrase todo; aunque no haya terremoto externo, que vibre por dentro y me vuelva loco de amor por Él y por Ti. Te lo pido encarecidamente. No te pido mas, pero no te pido menos.

    Pusiste de rodillas a la Iglesia primitiva y así, de rodillas, recibió la fuerza del Espíritu Santo. Hoy debes también enseñar a rezar a los sacerdotes y religiosos, a los fieles, para salir del atolladero.

    Salieron a predicar como leones. Pedro era un león, sentía dentro la fuerza de un león, ávido de presas. Echó las redes de su palabra en nombre de Cristo, y tres mil hombres quedaron atrapados. Los primeros cristianos entraron a la Iglesia por contagio de amor, de aquel amor que ardía en el corazón de los apóstoles. Así comenzó con buen pie la religión del amor, amando y haciendo amar, hasta el punto de arrancar a sus mismos enemigos la mejor alabanza que se pueda decir jamás de los cristianos: “Mirad cómo se aman”. Aprendieron muy bien la lección de Jesús.

    Hoy... en muchos casos, ya no es así. La religión del amor se ha convertido para muchos en la religión del aburrimiento. Porque no aman, porque se han olvidado del amor que Cristo les ha demostrado. Tienes que hacernos como hiciste a los primeros, para seguir convenciendo a los hombres fríos de hoy. La religión del amor se contagia por calor, no por gélidas ideas.


  • Preguntas o comentarios al autor P. Mariano de Blas LC

    Escucha al Padre Mariano de Blas Audios en mp3.






    Catholic.net busca unir los esfuerzos de todos los católicos en la red, con el fin de dar una mayor visibilidad y promoción al trabajo evangelizador que realizan las diversas instituciones y realidades eclesiales en Internet, brindando además, servicios de alta calidad y contenidos fieles al Magisterio de la Iglesia.

  • Para ser buenos amigos de Jesús

    Para ser buenos amigos de Jesús

    Fuente: Catholic.net
    Autor: P. Sergio A. Córdova LC

    Juan 15, 9-17


    Como el Padre me amó, yo también os he amado a vosotros; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor, como yo he guardado los mandamientos de mi Padre, y permanezco en su amor. Os he dicho esto, para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea colmado. Este es el mandamiento mío: que os améis los unos a los otros como yo os he amado. Nadie tiene mayor amor que el que da su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. No os llamo ya siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo; a vosotros os he llamado amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No me habéis elegido vosotros a mí, sino que yo os he elegido a vosotros, y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y que vuestro fruto permanezca; de modo que todo lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo conceda. Lo que os mando es que os améis los unos a los otros.»


    Reflexión


    El pasaje evangélico de este domingo es una perfecta continuación de la semana pasada. No sólo en cuanto al tema, sino también en los versículos de la liturgia.

    Hace ocho días, el Evangelio nos ofrecía para nuestra meditación la bella alegoría de la Vid y los sarmientos (Jn 15, 1-8). Y hoy la Iglesia nos presenta la aplicación de ese discurso: cómo podemos vivir unidos a Cristo para ser buenos sarmientos y buenos amigos suyos (Jn 15, 9-17).

    “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo. Permaneced en mi amor”, nos dice nuestro Señor. Al meditar en la alegoría de la Vid, sentíamos la necesidad apremiante de permanecer unidos a Jesús para tener vida y para llevar frutos de eternidad. Y ahora el Señor nos va a mostrar el camino: “Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor” (Jn 15,10). El modo de vivir unidos a Él es por medio del amor. Pero un amor hecho obras, real y operante. Un amor de puras palabras o discursos bonitos es un amor platónico y vacío por dentro. Un amor de puros sentimientos, propósitos y buenas intenciones es falso, engañoso y estéril. No es real. Es una farsa y una pantomima. Ya lo decían nuestros abuelos con una expresión muy plástica: “El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”. No bastan los “quisieras” para ser buenos cristianos y verdaderos discípulos del Señor. Se necesita un “quiero” rotundo, operante y con todas sus consecuencias.

    Se cuenta que, en una ocasión, le preguntó la hermanita pequeña a santo Tomás de Aquino, cuando todavía éste era muy joven: “Oye, Tomás, ¿qué tengo yo que hacer para ser santa?”. Ella esperaba una respuesta muy complicada y profunda; pero el santo le respondió: “Hermanita, para ser santa basta querer”. Querer. Pero quererlo de verdad; o sea, poniendo todos los medios para lograrlo, con la ayuda de Dios; que las obras y los comportamientos respalden y confirmen luego nuestros propósitos. La sabiduría popular lo ha condensado en la conocidísima sentencia: “Obras son amores..., que no buenas razones”. Y “del dicho al hecho, hay mucho trecho”. ¡Tenemos que acortar ese trecho para mostrarle al Señor que de verdad le amamos con las obras! Así lo hizo Él: “lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor”. Sólo así construiremos nuestra casa sobre roca, y no sobre arenas movedizas (Mt 7, 21-27).

    Pero el Señor nos concreta aún más el camino. Si cumplimos sus mandamientos –nos dice– permanecermos en su amor. ¿Y cuáles son sus mandamientos? “Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado”. ¡La caridad hacia el prójimo!

    Durante su vida pública nos dijo muchísimas veces que “el primer mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos”, y que no había un mandamiento mayor que éste (Mc 12, 29-31). La caridad es el centro de las bienaventuranzas y de toda su doctrina: “Por eso, cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos, porque en esto consiste toda la Ley y los Profetas” (Mt 7,12). En esto resume toda su enseñanza. Y no sólo nos lo dijo con su predicación, sino que así nos lo demostró con sus obras: siempre amando, sirviendo, curando, perdonando, acercando a los hombres a Dios, predicando el amor con sus palabras y, sobre todo, con sus actitudes y comportamientos hacia todas las personas. “Pasó haciendo el bien” –resumió san Pedro la vida del Señor (Hech 10,38).

    La caridad es el núcleo de la Buena Nueva, de todo el Evangelio. Éste es SU mandamiento nuevo, el signo distintivo por el que todos reconocerían a sus discípulos (Jn 13, 34-35). Y es tan fundamental este precepto del amor al prójimo que ésta será la principal materia del juicio final: “En verdad os digo que cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis” (Mt 25,40). San Juan de la Cruz, comentando este pasaje, afirma con cierto aire de poesía: “En el atardecer de la vida, seremos juzgados sobre el amor”.

    Por eso nuestro Señor afirma que “nadie tiene un amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que os mando... Y esto os mando: que os améis unos a otros”. Ésta es la respuesta que el Señor nos da: practicar con generosidad el amor sincero y desinteresado hacia nuestros prójimos.

    Aquí está, pues, el secreto para ser buenos sarmientos de la Vid, para ser auténticos amigos de Jesús. ¡Ojalá pudiera tener más discípulos y amigos de verdad! ¿Ya lo eres tú?



  • Preguntas o comentarios al autor P. Sergio Cordova LC


    __________________________

    Treinta días de oración a la Reina del Cielo. A lo largo del mes de mayo, tengamos a María presente en nuestro corazón y en nuestros hogares, entregándole un ramo de Rosas de oración.