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Inclusión de Contadores

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Uno de los contadores más efectivos que existen es Nedstat Basic, un sistema de estadísticas gratuito para sitios web particulares.

Estos son los pasos a seguir para que tu blog cuente con un contador propio y así tener información sobre quiénes, cuántos, cómo y desde dónde visitan tu blog:

1. Crea una cuenta Nedstat Basic. Allí debes especificar la URL o dirección del blog y tu correo electrónico a donde te escribirán para confirmar tu nombre de usuario y el código que insertarás en tu blog.

El código que te darán es extenso. Comienza así:

<!-- Begin Nedstat Basic code -->

Y termina con esta otra etiqueta:

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2. Copia todo el código que te han enviado a tu correo electrónico y pégalo en la sección “Sobre mí” que hay en el menú de navegación de tu blog, justo en el orden en que quieras que aparezca.

Si quieres que el contador de tu blog aparezca precedido por una categoría que haga énfasis en él, como “Estadísticas”, puedes crearla mediante las etiquetas <h2> y </h2>, también dentro de la sección “Sobre mí”, así:

1. Copia el texto que utilizarás para que las personas te identifiquen:

A través de este blog experimentaremos y aprenderemos un poco más acerca de todo el provecho que podemos sacarle a nuestro blog. Por supuesto, es de todos. Cuéntanos tus dudas.

2. Crea una categoría:

<h2>Estadísticas</h2>

3. Ahora pega todo el código de tu Nedstat Basic. Para mantener una alineación correcta de los enlaces en la nueva categoría, en este caso el enlace de tu contador dentro de la categoría de ESTADÍSTICAS, es importante que encierres el código dentro de estas etiquetas: <ul> y <li> con sus respectivos cierres, así:

<ul>

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El Proyecto Gran Simio Cuando se desliga del sentido común, el sueño de la razón genera monstruos

El Proyecto Gran Simio Cuando se desliga del sentido común, el sueño de la razón genera monstruos


Autor: Guillermo Juan Morado | Fuente: Catholic.net

http://es.catholic.net/temacontrovertido/330/1744/articulo.php?id=29232
 
El Proyecto Gran Simio
El llamado “Proyecto Gran Simio” es una iniciativa presidida por el filósofo Peter Singer que pretende la inclusión de los grandes simios (chimpancés, gorilas, bonobos y orangutanes) en la categoría de “personas”, otorgándoles la consecuente protección moral y legal, hasta ahora reservada sólo a los humanos.

El Proyecto, que dice inspirarse en los ideales de la sociedad anti-esclavista, argumenta partiendo del parentesco genético que vincula a los humanos con estos antropoides, así como de la semejanza que, según los promotores del mismo, existe entre el comportamiento de los humanos y el de estos animales.

A estas alturas de la película, uno ya no se asombra de nada. Podría pensarse en una tomadura de pelo en sede parlamentaria, como tantas otras a las que cada día asistimos. Pero parece que el asunto va en serio, y podría desembocar en una Ley que colocase a España en la “vanguardia” mundial de la defensa de los simios. España siempre es diferente. Cada día más.

Aunque hay miles de seres humanos que son vejados en su dignidad, que no ven reconocidos sus derechos, que son objeto de explotación, de compra-venta o de esclavitud – situación que no parece alarmar a Singer y sus secuaces - , lo que más llama la atención de este Proyecto no es el deseo de tratar bien a los simios, sino la voluntad de redefinir el concepto de persona. El reconocimiento de la singularidad humana está en entredicho. Y, por consiguiente, también lo está el reconocimiento de la razón por la cual el ser humano es persona y sujeto de derechos inalienables.

Por más parentesco biológico que exista entre seres humanos y orangutanes, chimpancés, gorilas y bonobos, en el hombre se da un salto cualitativo en virtud del cual es “persona”; es decir, un individuo racional, un “alguien” y no un “algo”, capaz de conocerse, de poseerse, de ejercitar su libertad y de entrar en comunión con otras personas. Si vamos a la raíz, la singularidad humana encuentra su último fundamento en la capacidad de ser interlocutor de Dios, por haber sido creado el hombre “a imagen de Dios”, capaz de conocer y de amar a su Creador. En la condición de persona se encuentra la base de los derechos fundamentales del hombre; derechos inalienables, que no son el resultado de una concesión del Estado, sino que son previos a toda legislación positiva.

Los animales, ni siquiera los animales más próximos al hombre en la escala evolutiva, no son titulares de derechos. Con frecuencia, las características “humanas” que se les atribuyen son el resultado de la proyección que sobre su comportamiento se hace de las claves que permiten comprender el comportamiento humano. Que los animales no sean titulares de derechos, y mucho menos de derechos “humanos”, no significa que los hombres no tengamos obligaciones hacia ellos. Les debemos aprecio y hemos de evitar, por respeto a nuestra propia dignidad, hacerles sufrir inútilmente o sacrificar sin necesidad sus vidas.

Si el “Proyecto Gran Simio” va adelante llegaremos a la paradoja de ver como se le reconoce a un orangután una serie de derechos que se le niegan a un feto humano de siete meses, a un enfermo terminal, o a un niño aquejado de parálisis cerebral. Todo muy “lógico”, desde los parámetros de la filosofía animalista, pero todo muy inhumano y muy decadente. También hoy, cuando se desliga del sentido común, el sueño de la razón genera monstruos.
 
 

El proyecto Gran Simio: ¿genialidad o esperpento?

El proyecto Gran Simio: ¿genialidad o esperpento?

http://www.bioeticaweb.com/content/view/4236/40/
       
Estos días pasados un partido político ha tomado la iniciativa de solicitar la adhesión de España al Proyecto Gran Simio. Se trata de una iniciativa surgida en 1993, -con poca difusión y menos adhesiones institucionales, hasta ahora- que agrupa a personas provenientes de diversos ámbitos científicos sobre todo del área anglosajona. Su idea se plasmó en la Declaración de los Grandes Simios Antropoideos, y en un libro con las aportaciones de esos diversos autores: El Proyecto Gran Simio: la igualdad más allá de la humanidad (1993).

A la cabeza del proyecto, y coordinando este libro está Peter Singer (Melbourne, 1946). El libro muestra no solo la diversidad de enfoques –propia de una obra de colaboración-, sino una gran confusión e incluso contradicciones en los razonamientos que se exponen. La idea común, sin embargo, es la que viene recogida en el título del libro: más allá de la comunidad que formamos los hombres, “exigimos que la comunidad de los iguales se haga extensiva a todos los grandes simios: los seres humanos, los chimpancés, los gorilas y los orangutanes” (Declaración).

No se trata, por tanto, de una propuesta de tratar mejor a un tipo de animales determinado: los simios. Esta mejora ha ido creciendo en los últimos tiempos, y en estos momentos tenemos legislación, tanto española como europea, que protege los derechos de los animales.

Por el contrario, se trata de la propuesta de un cambio antropológico: el hombre no debe mirarse a sí mismo como algo específico, sino como formando parte de un común en el que entran también los simios. Como consecuencia los derechos que reconocemos a los humanos, por el hecho de serlo, deben aplicarse también a estos animales.

La cercanía genética, y algunas habilidades que se encuentran en estos animales que tienen un cierto parecido con el comportamiento humano, se asumen como fundamento de la identificación sustancial con el hombre.
Se hace desaparecer la especificidad del ser humano por algunos parecidos que se encuentran en otros seres, cuando hasta ahora hemos entendido que, aunque haya algunos parecidos, e incluso una gran cercanía genética, el hombre es una criatura totalmente distinta porque es racional y libre. Por ello, también nuestra cultura ha reconocido en el ser humano, por el hecho de serlo, unos derechos que lo hacen dotado de dignidad e inconmensurable. Y eso se lo reconocemos al hombre, sea niño o anciano, listo o torpe, sano o enfermo; sea cual sea su condición le reconocemos la dignidad de ser humano.

Peter Singer, por el contrario cifra la fuente de la dignidad no en ser humano, sino en el ejercicio de algunas cualidades que define de una forma u otra según los casos: sentir o no dolor, ser capaces de hacer un proyecto de vida o no, tener capacidad autónoma de relacionarse con los otros… Esto le lleva a afirmar que sólo el hombre que tenga esas capacidades será persona, y a su vez si un animal tiene algo de esas capacidades se le podrá considerar persona. Un niño pequeño no es una persona mientras que un gorila adulto sí lo es. Por tanto si no nos deshacemos del niño es por sentimentalismo, pero no porque tenga ningún derecho.

Él mismo hace algunas aplicaciones prácticas de su pensamiento: “algunas personas nacen con discapacidades psíquicas irreparables. La vida de estos seres humanos no es superior o más valiosa que la de los perros, los cerdos o las vacas”, o “antes prefiero un experimento con un embrión humano excedente que con una cobaya” (Babelia, 2002)

Ciertamente todas estas afirmaciones chocan contra nuestra cultura y quizás por eso han tenido, hasta ahora, muy poco predicamento. Sin embargo ahora se plantea la adhesión de toda España a este proyecto. ¿Quizá hasta este momento había pasado desapercibida esta genialidad, y sólo ahora ha sido descubierta, o estamos a punto de dar un paso esperpéntico?

Cada uno piense lo que quiera, pero indudablemente de lo que apoyemos o rechacemos surgirá la sociedad en la que viviremos dentro de unos años. Imaginemos qué sociedad deseamos, y cómo nos gustaría que fuera, y defendamos unos proyectos u otros. No caigamos en la alabanza de los magníficos vestidos del rey, si lo que vemos es que el rey va desnudo.

Pulicado en Canarias7 07-05-2006

Gran Simio

Gran Simio

JOSÉ MARÍA CASIELLES AGUADÉ

http://www.lne.es/secciones/noticia.jsp?pNumEjemplar=1290&pIdSeccion=52&pIdNoticia=410401

El proyecto «Gran simio» es una monada internacional inspirada en la política de los Verdes. Los científicos distinguimos entre ecólogos y ecologistas, que es como distinguir entre el aficionado al fútbol y el «hoolligan».
Dice Joaquín Araujo, que al parecer también está metido en esta promoción del Planeta de los Simios, que la iniciativa parlamentaria para la protección de los grandes monos quiere ser una llamada a una gigantesca escuela de pacifismo universal. Para mí que quiere llevar la alianza de civilizaciones a las ramas de los más remotos árboles ecuatoriales, pasándose siete selvas.

Así estamos. Mientras la ONU sigue cruzada de brazos ante el brutal genocidio de Darfur, que ya contabiliza más de dos millones de muertos entre dos pueblos hermanos de África, vamos a meternos en la niebla para asistir a los gorilas.

Hay gente que aprecia más a los animales que a las personas. Decía el otro día en Euronews un atildado caballero inglés, elogiando justamente en su octogésimo aniversario a la reina de Inglaterra Elizabeth II, que su graciosa majestad era una señora tan discreta que sólo hacía confidencias a sus caballos y a sus perros, porque había aprendido, dolorosamente, que las realizadas a sus cortesanos iban a parar con frecuencia a los tabloides británicos que, como todo el mundo sabe, son terriblemente cotillas.

Yo manifiesto mi sincero respeto y simpatía por la reina Isabel de Inglaterra, y no he olvidado cómo aguantó estoicamente en Londres los durísimos bombardeos de la Luftwaffe durante la II Guerra Mundial, negándose a trasladarse a Canadá para salvaguardar su seguridad personal, como le propusieron entonces distinguidos políticos de la Commonwealth. Esto es lo que se llama «estar allí» y solidarizarse con el pueblo; o dicho de otro modo más castizo, la profesionalidad en el oficio; que también lo es -y muy noble- la corona cuando se lleva con entereza y dignidad.

Volviendo a las monerías, es bueno aclarar que la analogía que exaltan los genetistas entre los hombre y los póngidos, sobre la estricta base de que los humanos y los chimpancés tenemos más del 97 por ciento de genes comunes, olvida lo que fundamentalmente nos distingue de los grandes simios antropomorfos, que es el cerebro. Para empezar, un chimpancé tiene que fastidiarse con una capacidad craneal de quinientos centímetros cúbicos -lo que es «muy poca cilindrada»- y nosotros tenemos mil cuatrocientos. Eso ya dice bastante sobre lo que se puede guardar ahí dentro: pero las diferencias de equipamiento neuronal son tan distintas como las que puede haber entre una calculadora de cocina y un ordenador avanzado de investigación. En pocas palabras: cuando los gorilas construyan catedrales, empezaré a tomármelos en serio.

Tengo para mí que Araujo olfatea rastros políticos. Pero, hasta tal vez coincidamos en algunos criterios. Yo critiqué ciertas fórmulas de caciquismo partitocrático y, naturalmente, las listas electorales cerradas y bloqueadas. Por lo que siempre valoré más la condición de senador -electo, no digital- que la de diputado en Cortes. Recuerdo perfectamente que llegué a asegurar que si la mona «Chita» hubiese podido disponer de documento nacional de identidad, y fuese propuesta por un partido -incluso mediano- como cabeza de lista por una jurisdicción electoral amplia, obtendría indefectiblemente un escaño de diputado/a.

En resumen, esta iniciativa para reconocer derechos humanos a los grandes simios puede tener consecuencias, no sé si cómicas o serias: algunos van a demandar puestos de trabajo; otros pueden reclamar el derecho de voto; y tal vez unos terceros intentarán casarse por lo civil. Y, ¿qué les voy a decir de los monos de Gibraltar? Menos mal que son macacos y no grandes simios; pero seguro, seguro, que pretenderán ser una nación independiente.

El tiempo de la evolución

El tiempo de la evolución

Xabier Iglesias/(Donostia)

http://servicios.diariovasco.com/pg060606/prensa/noticias/Opinion/200606/06/DVA-OPI-350.html

Quisiera aclarar ciertas cuestiones planteadas en la carta Evolución y Gran Simio. Primero, el ser humano no procede del simio o los monos; la realidad es que nuestra línea evolutiva parte de los primates y es la línea de los Homínidos, no la de los Simios. Segundo, los monos no se convierten en hombres del mismo modo que los reptiles no se convierten en aves, aun cuando conocemos y está probada su procedencia. El proceso evolutivo no es un proceso de metamorfosis como el de los insectos en el que hoy soy larva y mañana ninfa, un animal no decide evolucionar un buen día sin razón aparente, es el resultado de sucesivas mutaciones y eliminación de individuos no aptos a lo largo de millones de años. Realmente especies anteriores al homo sapiens, no los monos como ya he aclarado, desarrollaron capacidades artísticas como la pintura a la par que desarrollaban sus facultades inventivas. Si existió una acción externa o no es una cuestión de fe que no debe mezclarse con las evidencias científicas. La realidad es que no existió un salto cualitativo en el proceso evolutivo del ser humano que nos diferencie del resto de especies.

Las falacias del Proyecto Gran Simio

Las falacias del Proyecto Gran Simio
Permalink 04.05.06 @ 11:03:00. Archivado en Cultura

http://blogs.periodistadigital.com/santiagonavajas.php/2006/05/04/p25166

En el debate de ayer y hoy, en CNNplus, entre Araujo y Subirats, acerca de la iniciativa del primero sobre el Proyecto Gran Simio, el segundo, un filósofo político, le explicaba al ecologista fundamentalista las inconsistencias y trivialidades que comporta igualar a seres humanos con el resto de animales.

Una de las fotos más impresionantes que realizó Cartier Bresson fue la de un mono "torturado" en un laboratorio de Berkeley. La vi por primera vez cuando realizaba una recensión del libro de Linden. Entonces supe de Washoe y otros monos a los que les estaban intentando enseñar los rudimentos de la lengua de signos. Existe un documental sobre su enseñanza cuya visión es muy recomendable para formarse una opinión sobre las capacidades cognitivas de los simios. Es realmente terrorífico como la separan de su "familia" humana y la introducen en unas jaulas con otros de su especie.

Sin embargo, tanto en el libro de Linden como en el documental existía una clara voluntad de antropomorfizar en demasía a Washoe. Ya lo advertía Juan Benet (ver infra)

Como ha dicho Araujo, uno de los defensores del Proyecto Gran Simio, el ser humano es un gran simio. De lo que no se sigue que todos los grandes simios deban ser considerados humanos. De lo que no se sigue que los grandes simios no deban tener una protección especial, en cuanto que tienen una capacidad cultural y sentimental considerable. Pero de aquí a que se les reconozcan derechos hay un salto lógico-moral no argumentado.

Pero los animales, salvo los protagonistas de El Planeta de los Simios, no deben tener la misma consideración humana que los humanos porque no existe un correlato epistemológico, fisiólogico o moral entre ellos y nosotros. No son capaces de ser libres en el sentido humano, y por lo tanto tampoco sujetos de deberes ni derechos. Si un simio mata a un ser humano sería absurdo considerarlo un asesino. Del mismo modo supone una extrapolación semántica excesiva decir que están esclavizados en un zoo o un circo. Sólo puede ser esclavo quien podría decidir por sí mismo su destino.

Especialmente capcioso me parece el pseudoargumento de la similitud genética. Al fin y al cabo tenemos una igualdad al 100% de partículas elementales que nos igualan con todos los seres, vivos y no vivos, naturales y no naturales, y nadie, salvo algún panteísta suicida, se le ha ocurrido deducir derechos de dicho hecho. La falacia de la argumentación respecto a la similitud genética, olvida que lo importante en todo caso no es el número de genes sino su estructura, es que deja fuera a los grandes cetáceos, como las ballenas o los delfines. Ellos también deberían de ser protegidos (que conste que el Proyecto Gran Cetáceo surge aquí y ahora)

Que no deben ser susceptibles de derechos al mismo nivel que los seres humanos se entiende al plantear un experimento mental: supongamos que para investigar el funcionamiento del cerebro debieramos realizar experimentos con los grandes simios debido precisamente a nuestro especial parentesco. Sólo desde el fanatismo ecologista se pretendería que dicha experimentación sería ilegitima e inmoral. Del mismo modo que sí es legítimo investigar con embriones para desarrollar terapias génicas sería igualmente legítimo la investigación con los grandes primates no humanos si ello repercutiese en una mejora científica, teórica y práctica, de la especie humana.

Sólo los talibanes religiosos -de índole sagrada o laica- se oponen a dichas investigaciones con embriones y/o simios. Lo que no quita que intentemos establecer investigaciones con otros objetos si es posible. Pero la diferencia entre sujeto y objeto debe ser mantenida aunque sea en defensa propia. Es sintomático que el movimiento ecologista mayoritario esté derivando en una antropofobia que ha llevado incluso a proponer el genocidio de la especie humana para salvar a Gaia. En este sentido gritar ¡Vivan los animales! parece querer decir ¡Mueran los humanos!

Decía Juan Benet que Walt Disney ha sido uno de los grandes corruptores filosóficos de la humanidad. Quizás yo sea un perverso antropocéntrico pero los que promueven el Proyecto Gran Simio, al menos en su actual presentación, forman parte del proceso de waltdisneyzación que nos hace más ingenuos. Y es mejor ser perverso que estar pervertido.

El problema interesante no es, será, los derechos de los animales, sino los derechos de las máquinas inteligentes.

Reinserción imposible

Reinserción imposible

http://servicios.elcorreodigital.com/alava/pg060624/prensa/noticias/Cartas_OPI_ALA/200606/24/ALA-OCA-363.html

Esaú Martín Antón/Amurrio. Álava
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Acompañé el pasado lunes a la familia de Miguel Ángel Blanco en el juicio que se celebró en la Audiencia Nacional contra los asesinos 'Txapote' y 'Amaia'. Además de ellos, desfilaron por la Audiencia otros terroristas condenados por múltiples asesinatos. Al margen de los burdos gestos con que se saludaban, propios de beneficiarios del Proyecto Gran Simio del presidente del Gobierno, me asaltó una reflexión: su reinserción es imposible. Por si fuera poco, el segundo día del juicio reafirmó mi conclusión. 'Txapote', el pistolero que mató a Miguel Ángel, recordó, por si quedaba algún ingenuo, que seguirán con «la lucha armada» hasta lograr sus objetivos. Hay reclusos que con el tiempo, por no haber cometido delitos de sangre, saldrán a la calle tras cumplir sus condenas. Entonces, ¿con quién va a negociar Zapatero? Evidentemente con los que queden en la cárcel por haber asesinado. Pánico me da pensar que en unos pocos años se repita lo de Azkoitia y que la familia de Miguel Ángel, al igual que Pilar Elías, se cruce en la calle con su asesino.

El día después de que Mari Mar Blanco se desahogara con los verdugos de su hermano, ETA publicó su último comunicado del que saco tres conclusiones. 1. ETA sigue pidiendo lo mismo de siempre con el mismo lenguaje de los que no saben hacer otra cosa que matar. 2. Están encantados con Zapatero, «seguramente podamos dar paso a un nuevo tiempo político en el que todos, vascos y españoles, saldríamos ganando», sentencian. 3. ETA reconoce que Aznar no negoció con ellos, sino que los pretendió vencer («Aznar, en su obsesión por pasar a la historia como el mandatario que derrotó a ETA »). Mientras tanto, ZP sigue mendigando una 'paz' que no acaba de llegar.


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¿Derechos humanos para los monos?

¿Derechos humanos para los monos?

http://www.lanacion.cl/prontus_noticias/site/artic/20060708/pags/20060708224259.html
Nuestros primos peludos

Los socialistas españoles presentarán al Parlamento una ley para proteger los derechos de los grandes simios. Sería el primer país del mundo en reconocer por ley el parentesco entre humanos y monos.



Nación Domingo

No pertenecen a ningún partido político, ni a un sindicato, ni tienen derecho a voto, ni siquiera carnet de identidad. Claro, son monos. Pero estos animales salvajes van a tener derechos gracias a una ley que se discutirá en el Parlamento español en septiembre. Si prospera, será el primer país del mundo en reconocer algo parecido a los “derechos humanos” para los gorilas, orangutane chimpancés y los bonobos. Se trata del Proyecto Gran Simio.

La ley los protegerá del “maltrato, la esclavitud, la tortura, la muerte y extinción”, según especifica la propuesta del Grupo Parlamentario Socialista que fue presentada en abril al Congreso español. Se trata de defender sus intereses como si fueran “menores de edad o discapacitados mentales” humanos, algo que también reclama la ONU argumentando el cercano parentesco que tenemos con los grandes primates y que muchos científicos quieren incluir definitivamente en la categoría de la especie homo. Después de todo, compartimos con los chimpancés y bonobos el 98,4% de nuestros genes; con los gorilas, el 97,7%, y con los orangutanes, el 96,4%.

 

“ESTO ES RIDÍCULO”

Tan buenas intenciones con estos peludos primos nuestros no cuenta con el apoyo de todos. Y ha sido la Iglesia Católica la primera en escandalizarse. “Me da risa. Por hacer el progre se puede hacer el ridículo”, dijo el arzobispo de Pamplona, Fernando Sebastián, y criticó que “no conceda derechos de persona a los niños sin nacer” –refiriéndose al aborto– “y se los vayan a conceder a los monos”.

No es de extrañar esta reacción. Sólo hay que recordar lo mucho que les costó al Vaticano reconocer que la Tierra no era el centro del universo o la rabieta que les produjo la teoría de la evolución de Darwin cuando sugirió que el hombre desciende del mono. Aún no admite ni el divorcio, los derechos homosexuales, el uso del condón y menos aún el derecho de las mujeres a abortar. Y ahora, además del trabajo que le dan los seres humanos, tendrá que oponerse a los derechos de los simios.

Hace unos años llegó al zoológico de Madrid una vieja chimpancé. Sin dientes, desnutrida y con las señales de las cadenas y correas que la mantuvieron atada toda la vida trabajando de sol a sol con un fotógrafo ambulante que la cambió por otra más joven. No podía masticar la fruta que le lanzaban los cuidadores y esta anciana decidió machacar la fruta contra los barrotes de la jaula para luego chupar la pulpa. Los otros monos la observaron durante un tiempo y pronto la imitaron. Hoy, todos los monos del zoológico golpean la fruta porque les ha encantado este invento de comer puré de fruta. Es un pequeño ejemplo de cómo son capaces de aprender y de compartir experiencias.

 

HABLAN, APRENDEN, SIENTEN

Jane Goodall, la etóloga que ha dedicado 40 años a estudiar a los chimpancés cerca del lago Tanganica en África, es el alma del Proyecto Gran Simio en todo el mundo. En su reciente visita a España dio una extraordinaria conferencia en “idioma mono” ante un público atónito. “Uh, uh, au, au, yiiha” eran algunas de las “palabras” que Goodall enseñó a la audiencia. Ruidos variados y complejos gestos, como el que usan los sordomudos, que funcionan como un lenguaje sofisticado y preciso, que aprendió en su larga convivencia en la selva. Goodall es también la que está a punto de conseguir que estos animales entren en la especie homo, toda una revolución en la filiación animal.

Gorilas que cruzan ríos provistos de largas varas para comprobar la profundidad, monos que transportan durante horas palos y ramitas para romper termiteros y luego extraer las termitas, son actitudes que revelan su capacidad para usar herramientas y planificar acciones a largo plazo. Simios en medio de la selva que optan por suicidarse negándose a comer por la pena que les produce la muerte de un ser querido, como se ve en el documental “People of the forest”, que demuestra sus intensos sentimientos y emociones, o el estudio del Instituto de Enfermedades Mentales de Bethesda (EEUU) publicado esta semana en la revista “Nature”, el cual concluye que los monos son capaces de distinguir los rostros de sus familiares y amigos, e incluso reconocerse a sí mismos en un espejo, lo que indica que poseen conciencia del propio yo, capacidades y habilidades que se creían exclusivas de los humanos y nos van acercando a estos parientes al mismo tiempo que ellos se van extinguiendo.

 

LECCIONES DE SEXUALIDAD

Hay algunos que incluso están más avanzados que nosotros en ciertos aspectos, como el sexual. Se trata de los bonobos. Estos antropoides, especie recién catalogada en 1929, que caminan erguidos y tienen una figura esbelta, son unos campeones de la sexualidad libre y en todas las combinaciones y posiciones posibles, incluido el cara a cara humano. Machos y hembras de cualquier edad, machos con machos, hembras con hembras y todos con la tribu vecina, en cualquier momento y en cualquier lugar. Es un poco como “haz el amor y no la guerra”, ya que esta especie es la más pacífica de todas, donde menos se practica el infanticidio o las luchas entre grupos rivales por el territorio. Tiene su lógica. Con tanta promiscuidad, es más que probable que los vecinos sean hermanos. De hecho, cuando hay tensiones territoriales, en vez de matarse hacen una gran orgía donde todos participan. Y luego se retiran en paz. Y un último detalle: forman sociedades estrictamente matriarcales. Seguro que tenemos mucho que aprender de los bonobos.

A estas espléndidas especies no sólo les hemos arrebatado sus tierras, quemado sus bosques, cazado como trofeos o incluso nos los estamos comiendo, como revela esta semana un artículo del diario “El Mundo”. Toneladas de carne de toda clase de simios se cocinan en restaurantes exóticos de Nueva York, París o Londres. Sea como menú tradicional, para combatir la impotencia o, simplemente, porque son deliciosos. Después de todo lo que sabemos, esto se podría llamar canibalismo.

Entonces, ¿derechos humanos para los monos? Algo así es lo que pretenden los socialistas españoles. Muchos, además del arzobispo de Pamplona, piensan que esta ley de los derechos de los grandes simios es una broma sin sentido ante los graves problemas que afronta buena parte de los seres humanos, también sometidos al “maltrato, esclavitud, tortura, muerte y extinción”. Y creen que es una pérdida de tiempo ante cuestiones más urgentes, como dicen aquí en Chile cuando se intenta abrir el debate sobre la eutanasia o el matrimonio homosexual.

 

INDUSTRIA ANIMAL

Pero algo hay en el Proyecto Gran Simio (www.proyectogransimio.org) que deja al descubierto la soberbia humana en el trato con los animales. Fue el siglo XX cuando una buena cantidad de ellos pasaron a formar parte de la industria alimentaria. Inventamos el sistema de campos de concentración masivos para producir nuestras carnes favoritas. Se calcula que “producimos” 60 mil millones de cerdos, vacas y pollos, a los que mantenemos hacinados en condiciones miserables. A los que peor tratamos es a los humildes pollos. “Son buenos para resolver problemas y comprenden que un objeto escondido sigue existiendo, cosa que no les ocurre a los niños pequeños”, dice el etólogo Chris Evans.

Se reconocen unos a otros, tienen jerarquías sociales, amigos íntimos y cariño por los más pequeños, y disfrutan revolcándose en la tierra o subiéndose a las ramas de los árboles. Pero nada de eso pueden hacer, por ejemplo, los nueve mil millones de pollos que se crían en EEUU. Sólo conocen en su corta vida, unas seis semanas, el galpón con luz y ventilación artificial donde los mantienen prisioneros antes de ejecutarlos. Los 245 millones de gallinas ponedoras de los huevos que comen cada mañana los norteamericanos viven en celdas comunes para siete ejemplares, donde ni siquiera pueden darse la vuelta o estirar el ala. Los machos de estas razas corren peor suerte: son triturados en enormes máquinas porque no sirven para poner huevos.

Y las obligamos al canibalismo. Eso fue lo que provocó el “mal de las vacas locas”. Enfermaron por comer piensos fabricados con reses enfermas. Y cuando murieron algunos humanos por comer carne alterada, la civilizada Europa no vaciló en sacrificar a millones de vacas, estuvieran enfermas o no.

“¿Poseen las ostras una pequeña alma bivalva?” Así comienza el artículo de Frank Bruni en el “New York Times” titulado “¿Por qué preocuparnos de los animales que nos comemos?”, que habla de la cruzada que mantiene la Municipalidad de Chicago contra la venta del exquisito foie gras de pato, que se consigue alcoholizando al ave hasta que su hígado se hace gigante por la cirrosis. O la decisión de una gran cadena de restaurantes de a negarse a hervir vivas a las langostas. Michael Pollan, autor de “El dilema omnívoro”, piensa que ostras, foie gras o langostas son problemas éticos que afectan sólo a la minoría más rica, que es la que se los come. Aunque pueda significar un comienzo para un “nuevo trato” con los animales que devoramos a diario.

La propuesta del Programa Gran Simio puede que sea un intento para que los animales humanos seamos más “humanos” en nuestra relación con el resto de los habitantes del planeta. Y en este sentido, bienvenida sea la ley que protege a los monos de nosotros, porque somos nosotros los causantes de la mayor parte de sus sufrimientos y extinciones. Después de todo, somos los mayores depredadores, los que estamos en la cúspide de la cadena alimentaria. Y si nos descuidamos acabaremos comiéndonos entre nosotros. Y crudos. LND