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Revista de prensa

Eugenio Nasarre: la faceta más desconocida de un diputado con principios

Eugenio Nasarre: la faceta más desconocida de un diputado con principios
 
Lunes 26 de junio | Derechos humanos

http://www.hazteoir.org/modules.php?name=Noticias&file=article&sid=2585
 
 
El diputado popular, Eugenio Nasarre, es conocido por su defensa firme de los valores del humanismo cristiano, llegando a romper la disciplina de voto con su partido si fuera necesario. Lo que es menos conocido es su experiencia vital: su primer hijo, Mauro, nació con parálisis cerebral severa, un hecho que ha marcado su vida y la de su familia.


SEMANARIOALBA.COM .- “El protagonista principal de esta historia es mi hijo Maura y mi mujer; ella iba a empezar a prepararse oposiciones y optó por quedarse al cuidado de su hijo”. Así comienza el diputado popular Eugenio Nasarre, el relato de su experiencia vital. Una experiencia que -asegura- resultaría incomprensible fuera de su condición de cristiano.

“Nosotros vivíamos un cristianismos normal, pero este hecho nos ha acompañado nuestra vida matrimonial y familiar y lo hemos intentado vivir con una praxis cristiana”, asegura en un acto organizado por Familias para la Acogida. “Nos ha ayudado que ambos hayamos compartido esta visión común”, señala. “No es una experiencia heroica o ejemplar, sino normal, que a mi mujer y a mi nos ha enriquecido”, concluye.

El nacimiento de Mauro

La historia comienza en el parto. Eugenio no estaba presente porque según explica entonces se entendía como un acto propio de la madre. “Había que salvaguardar el pudor”. El parto de su primer hijo, Mauro, se complicó. Primero les dijeron que estaba en la incubadora. Después, el médico acudió “pálido” para informarles que su hijo sufría una lesión cerebral irreversible. “Más tarde nos enteramos que probablemente obedeció a una negligencia médica, pero nunca se nos pasó por la cabeza reclamar; en la relación médico-paciente el paciente debe depositar la confianza en el médico”.

Nasarre recuerda la mujer que reclamó a un médico por no haber abortado a su hijo deficiente. “Una buena muestra de la degradación moral de nuestra sociedad”, sentencia.

La reacción ante el nacimiento de un hijo con parálisis cerebral

“Los médicos tenemos una grave responsabilidad; desde el diagnóstico prenatal debemos de tener el valor para ser lo menos dramáticos e invasivos posible, creando la afinidad y diálogo para que los padres acepten al hijo discapacitado y sigan adelante con su vida”, señala el Dr. Paolo Arosio, responsable de la asociación italiana Familias de Giovanni de familias con hijos discapacitados. “No sabemos dónde nos va a llevar esta historia de la asociación, pero es útil para nosotros y para nuestros hijos; juntos, vivimos mejor”.

“La primera reacción es shock, te sientes confuso y deprimido”, explica Arosio. “En esta fase de desesperación se acumulan pensamientos confusos de abandono del hijo”, añade.

Rechazo de la lástima

La ayuda “se agradece y conforta”, apunta Nasarre. Pero cuando se convierte en compasión o lástima, se convierte en una “carga insoportable”. “Parece como si la felicidad consistiera en liberarse de esa carga que supuestamente genera infelicidad”, señala. “Por eso nosotros lo hemos rechazado crecientemente y los hermanos de Mauro, también la rechazaban”. “Se respira juicios y prejuicios sobre nuestros hijos que hay que superar”, apunta el Dr. Arosio.

Según Nasarre, es posible otra perspectiva alternativa a la compasión y la lástima: “la aceptación de ese ser humano tal cual es; esa es la clave”. Es descubrimiento vital de esa dignidad -señala el diputado popular- es una experiencia que enriquece. Este es el testimonio de los padres, pero también de los hermanos. “Mauro siempre fue el benjamín para sus hermanos”, señala con cariño. Por cierto que Nasarre se permite también un consejo educativo: “Lo mejor, es el hermano, es insustituible por cualquier otra cosa”.

"Todo se convertía en una búsqueda de la sonrisa de Mauro"

Tras el shock, llega la racionalización. “Tu libertad está llamada a actuar, a acoger a tu hijo”, señala el Dr. Arosio. Lo que no cabe –explica el responsable de Familias de Giovanni de hijos con discapacidad- es evitar la pregunta, “arrastrarse como si nada hubiera pasado, olvidarnos de nuestra realidad, de nosotros y por tanto de nuestro hijo”. La pregunta de ‘¿por qué a mi’? resulta pues obligatoria en esta primera fase. “Ninguno pensamos que nos vaya a ocurrir a nosotros y no debemos de censurar nuestro deseo de felicidad”, concluye el Dr. Arosio.

La aceptación, sin embargo, debe de ser no sólo intelectual, sino también vital, “del afecto y la comunicación”, apunta Nasarre. “Pasábamos largos ratos con él y el niño iba incorporando la relación; de vez en cuando sonreía y todo se convertía en una búsqueda de la sonrisa de Mauro”, señala con la nostalgia del hijo que falta.

Renuncia

La aceptación también pasa por la renuncia, porque como es lógico, la discapacidad afecta a toda la familia. “Algunos lo ven como un sacrificio, pero nosotros lo vemos como una ayuda para jerarquizar, distinguir lo importante de lo secundario”. Para Nasarre, esas renuncias “no sólo las fuimos asumiendo, sino apreciando”.

Sin embargo, reconoce que atender a un enfermo supone un “plus de carga y fatiga” y lamenta haber encontrado apoyos insuficientes, “quizás por el miedo por la impericia, porque hay que saber ayudar”. En todo caso, recuerda que la ayuda enriquece a quien la da y es bien recibida por los familiares cuidadores del enfermo. En este sentido, el Dr. Arosio, defiende la sociedad exija a las autoridades públicas una mayor implicación “una intervención justa”.

Fracaso

Esta es la experiencia de la familia Nasarre. Una experiencia enriquecedora que parte de la aceptación de su hijo enfermo y de las renuncias que pudieran producirse. Esta es la clave del éxito. Pero también del fracaso. El diputado popular afirma conocer muchas familias fracasadas: “El rechazo, la no aceptación, lleva a situaciones dramáticas; en un caso que conozco, la madre desapareció, algunos matrimonios se rompen por considerarlo una carga insoportable”. “Un hijo con discapacidad o afianza o destruye el matrimonio”, concluye Arosio.

La segunda causa del fracaso, según Nasarre, es la búsqueda de responsables: Dios que me envía un castigo injusto, el médico que actuó negligentemente, el Estado que no ayuda suficientemente. Además, añade Nasarre, también cabe la aceptación con amargura. “Se acepta como un deber, pero como una situación injusta”, explica

El ‘tránsito’

Por último, hay que saber asumir la muerte, explica Nasarre, que termina su relato con las palabras que pronunció durante el funeral de Mauro, a los 23 años de edad. “Debemos mucho a este ser indigente; él nos ha enseñado que el sufrimiento es la vida misma y ahora, nos sentimos desvalidos sin Mauro”. Sin palabras.
 

Entidades católicas y políticos piden más protección para familias españolas

Entidades católicas y políticos piden más protección para familias españolas VALENCIA, 25 Jun. 06 (ACI).-Entidades católicas y políticos reunidos en Valencia reclamaron al gobierno la incorporación de la perspectiva familiar en las políticas públicas, así como una mayor protección jurídica para la familia, entendida como bien social y base del futuro.

Según informó la agencia Efe, la llamada "Declaración de Valencia por la familia, patrimonio de la humanidad" recoge las reflexiones de diversas instituciones firmantes que participaron en un encuentro organizado por la Universidad Cardenal Herrera-CEU, la Fundació Vives y la Fundación Tomás Moro.

Con el título "La familia, base del futuro", los firmantes reconocen dificultades como compatibilizar la vida profesional y laboral, la de decidir sobre la maternidad o elegir la educación de los hijos.

En el documento, se comprometen a impulsar iniciativas para que la familia sea considerada como patrimonio de la humanidad, y consideran "imprescindible" la incorporación de la perspectiva de familia en todas las políticas públicas, dada la "grave insuficiencia" que se ha constatado en el pasado.

Según explicó el diputado nacional del Partido Popular, Eugenio Nasarre, los firmantes instan a las instituciones públicas a reforzar jurídicamente la familia y el matrimonio, "como compromiso libre del hombre y la mujer que funda la familia" que "no es equiparable al resto de formas de convivencia basadas en la afectividad".

Murmuración, mal negocio (I)

Murmuración, mal negocio (I)

http://www.forumlibertas.com/frontend/forumlibertas/noticia.php?id_noticia=5975

Hay personas que si no están hablando mal de algo o de alguien dan la sensación de ser mudos o estar muertos.

Por murmuración entenderemos aquí la conversación un poco denigrante, en voz baja , en ausencia del sujeto denigrado y con un tanto de regodeo o recochineo sobre el ausente . Se corroe la buena fama de personas o cosas, sin razones y con cierta mala voluntad sobre ellas. La murmuración tiene muchos nombres: maledicencia , trapisonda, enredos, chismes, calumnias, despellejar, poner como hoja de perejil,… todas ellas son primas entre si y de la mentira y el engaño.

Generalmente, la murmuración no produce graves daños; pero en ocasiones puede causar verdaderas tragedias. Extender las ideas de que : “Me han dicho que tal empresa está arruinada… Me acabo de enterar que la mujer de X se entiende con Y… Se de buena tinta que Z le está robando a su empresa,…” y otras análogas, sin pruebas de ningún tipo, pueden causar por desprestigio la ruina de esa empresa, que X se separe de su esposa o que Z sea expulsado de su empresa sin que los afectados sepan ni por qué.

¿ Por qué se murmura? Por envidia, por odio, por intereses, por vanidad,…Es muy corriente que cuando varias personas empiezan a hablar mal de alguien, este alguien no importe a ninguno ni un comino. Solo les importa el propio YO a cada uno. Si decimos que Fulano es feo, torpe, necio, pobre,…en el fondo estamos dando a entender que nosotros somos guapos, ágiles, inteligentes y ricos. Algo que nos alegra y llena de satisfacción. Con frecuencia, la causa es un complejo de inferioridad, adobado con la cobardía de quien es incapaz de dar la cara.

En la costumbre de murmurar interviene en buena medida la aquiescencia de quienes les escuchan y jalean con agrado por miedo a ir contracorriente. A Jesús le condenaron los mismos que unas horas antes le aclamaban. Bastó que una mayoría pidiese la muerte de Cristo para que, incapaces de oponerse, gritaran como “todos” : ¡Crucifícale! ¡Crucifícale!

De vez en cuando surge una de esas personas a quienes desagrada el trapicheo y termina encarándose con el chismoso. Resultado: se expone a perder las amistades con él o , si no lo hace, se convertirá en un cómplice. Mal embrollo moral “tío”. Todas las cosas se pueden decir sin empeorar las situaciones, pero cuando hay algo que decir, ¡ se dice claramente y sin pamplinas!. Y si hay que perder a ciertos amigos, no perderíamos gran cosa. Hay una forma de quedar siempre mal ante los demás: andar con subterfugios y medias tintas.

Cuando iniciamos ciertos comentarios, sin importancia aparente ¿Sabemos el daño y los perjuicios que podemos ocasionar? La mentira tiene muchas facetas: reticencia, cabildeo, murmuración... Pero es siempre arma de cobardes. Son los mismo que tras despellejar a Don Fulano corren a decirle: Oye se dice por ahí que tu…Te lo digo para que estés sobre aviso. Al final todo termina sabiéndose, pero ¿y mientras tanto? Pues ese final puede tardar años y los perjuicios familiares, sociales y económicos pueden ser irreversibles

¿Y que puede hacer el ofendido? Más bien poco, pues suele ser el último que se entera de lo que se dice y de quien lo dice. Y si se entera, carecerá de pruebas para ir a juicio. Si además es un alma noble, de prestigio y con autoridad habrá encontrado una dura cruz que sobrellevar. Es el momento de recurrir a Cristo, el único amigo que nunca falla.

¡Ay, esos medios de comunicación! Vendidos al poder político, empresarial o social a los que sirven contra sus rivales a base de susurraciones, murmuraciones, trapisondas, enredos, chismes, cuentos, insidias, calumnias,…, envileciéndose hasta grados animalescos. No hay que preocuparse, como son muy listos : Todo lo justificarán muy bien y en todos los casos.

“Desorden del corazón”

“Desorden del corazón”articulo de ignacio sánchez cámara nubiola, profesor de filosofia del derecho,  en la gaceta de los negocios, lunes 12 de junio de 2006 La ley que regula la experimentación con embriones, recientemente aprobada por el Parlamento español, no defiende la dignidad de la vida ni protege jurídicamente la vida embrionaria. Constituye un error jurídico y moral. La vida del embrión deja de concebirse como un fin en sí mismo, requisito esencial de la persona humana, para poder ser utilizada como medio al servicio de un fin. Y la bondad del fin no justifica la corrección moral del medio. Así, no es correcto matar para salvar una vida.
Los errores morales se sustentan en argumentos erróneos o falsos que los fundamentan. Y suele ser filosóficamente mucho más interesante atender a la fundamentación que a las conclusiones prácticas que de ella se derivan. En este sentido, resultan clarificadores los dos argumentos que utilizó el presidente del Gobierno para intentar justificar la justicia de la nueva ley. Por un lado, afirmó que el propósito de la norma era la protección de la salud, y que no hay nada más moral que el cuidado de la salud y la lucha contra las enfermedades. Por otro, señaló que la ciencia no puede estar subordinada a la conciencia moral. Ambos argumentos son deficientes, en suma, falsos, y coinciden con un estado de opinión bastante extendido, que revela un profundo desorden moral.

En primer lugar, no es cierto que la salud sea el valor más alto, ni siquiera uno de los más elevados. En el criterio jerárquico de los valores que propuso el filósofo Max Scheler, por encima de los valores relativos a la salud, se encuentran los valores espirituales, como lo bello, lo justo y lo verdadero, y los valores religiosos. Así pues, la supremacía de la salud sólo puede establecerse a través de la negación de los valores espirituales y religiosos. La salud es un bien, un valor positivo, pero no el supremo, el más alto.
 Una de las más urgentes tareas pedagógicas de nuestro tiempo consiste en desenmascarar las falsas concepciones sobre el valor que rigen en la sociedad, los modelos sociales perjudiciales, que lo resultan aún más cuando se encuentran defendidos por quienes tienen la responsabilidad de gobernar. Esos modelos tienden a fomentar la realización de los valores inferiores, aunque positivos, en detrimento de los superiores. La preferencia de lo inferior sobre lo superior revela un profundo desorden del corazón, y resulta muy seductora ya que los valores inferiores aparecen como mucho más cuantificables que los superiores y más fáciles de realizar o producir.
En segundo lugar, la ciencia no se encuentra por encima de la conciencia moral. Es cierto que no existen límites morales a la búsqueda humana del conocimiento verdadero, salvo la proscripción de los medios inmorales para alcanzarlo. No hay límites al saber, pero sí a los medios para adquirirlo. Existen límites morales para los medios de adquirir conocimiento y también para la aplicación de esos conocimientos. Es cierto que en el pasado, y no sólo en él, se han puesto trabas inaceptables al libre desarrollo de la ciencia, pero también lo es que no toda limitación de la ciencia y de la técnica por razones morales constituya un obstáculo ilegítimo.
 Es muy probable que el doctor Mengele buscara el desarrollo de la ciencia e incluso la salud pública, pero es evidente que lo hacía con métodos moralmente aberrantes. ¿Podría acaso invocar legítimamente la dignidad y la libertad de la ciencia?
Estos dos argumentos revelan un modo de pensar muy extendido en nuestro tiempo, el ordo amoris o, quizá mejor, el desorden, dominante. La expresión procede de san Agustín y coincide bastante aproximadamente con lo que Pascal denominó "lógica del corazón". Viene a ser algo así como el sistema cordial de preferencias y desdenes que caracterizan a una persona. Así, Scheler afirma que quien posee el ordo amoris de alguien, posee a la persona entera. Nada nos define tan bien como ese sistema estimativo de preferencias. Y nada nos degrada tanto como la tendencia a preferir lo inferior a lo superior, lo más sensible e inmediato a lo más espiritual y mediato. Aquí suele realizar su labor el resentimiento, que rebaja y denigra todo aquello que resulta inalcanzable para el resentido.
 Por eso, como afirma Julián Marías, la vida moral puede ser entendida como una búsqueda de lo mejor. Pero siempre la excelencia ha sido difícil. La tarea de realizar los valores más altos siempre es dificultosa, e incluso heroica. Las almas vulgares y resentidas siempre antepondrán la realización de los valores sensibles, inferiores.  

Es fácil, pero no correcto, anteponer la salud de quien vemos, a la vida embrionaria que apenas podemos ver, pero es injusto reducir la vida humana a medio al servicio de la salud. Aquí, en esta preferencia de lo inferior sobre lo superior, se encuentra la clave del desorden moral de nuestro tiempo, de la actual crisis espiritual; en suma, en el desorden del corazón.

“Francia no permite donar sangre a los varones homosexuales”

“Francia no permite donar sangre a los varones homosexuales”

articulo en www.aceprensa.com, miercoles 21 de junio de 2006

 

Francia no permite donar sangre a los homosexuales masculinos
Los datos epidemiológicos muestran su mayor riesgo de transmisión del virus del sida. El gobierno francés no tiene intención de cambiar la medida establecida en 1983 que excluye a los homosexuales masculinos de la donación de sangre. El ex ministro y diputado socialista Jack Lang había pedido en una carta al ministro de Sanidad el fin de esta "medida discriminatoria". En su respuesta, el ministro, Xavier Bertrand, expone las razones que justifican esta exclusión, sobre todo el riesgo de la transmisión del virus del sida.

 

El ministro contesta que la homosexualidad en sí misma no es un criterio de exclusión (a las lesbianas se les permite donar sangre). Pero señala que "los datos epidemiológicos muestran que la prevalencia de la infección por VIH en la población homosexual masculina sexualmente activa es de un 12,3%, contra un 0,2% en el conjunto de la población. No es, pues, el hecho de ser homosexual, sino la práctica de relaciones sexuales entre hombres lo que constituye una contraindicación para la donación de sangre".

 

Para justificar la exclusión de los homosexuales masculinos, los responsables de la agencia que se ocupa de las donaciones de sangre (Établissement Français du Sang, EFS) aducen varias cifras: el 27% de los nuevos diagnósticos de infección por el VIH y el 51% de los casos de infección de menos de seis meses conciernen a hombres que tienen relaciones con hombres, cifras mucho más elevadas que en la población general. Por otra parte, el 35% de los hombres a los que se ha detectado una infección por VIH a raíz de una donación de sangre tenían prácticas homosexuales (cfr. "Le Monde", 15-06-2006).

 

Los responsables de EFS recuerdan que, en virtud del principio de precaución, la agencia excluye no solo a los homosexuales masculinos, sino también a otros grupos como personas que han vivido en Guyana o que han residido en Gran Bretaña entre 1989 y 1996 (enfermedad de las vacas locas). Sin embargo, parece que solo la exclusión de los homosexuales se asimila a un estigma.

 

A pesar de las mejoras en las pruebas para la detección del virus del sida, los responsables de EFS estiman que la contraindicación debe ser mantenida, pues estas técnicas no permiten identificar el virus cuando la infección es muy reciente. La política seguida por las autoridades se basa en una directiva europea (2004/33/CE) que establece una contraindicación permanente para "las personas cuyo comportamiento sexual las expone a un riesgo elevado de contraer enfermedades infecciosas transmisibles por la sangre".

 

Quienes piden que se levante la contraindicación dicen que el criterio de exclusión debería ser el de "comportamientos de riesgo", lo que valdría tanto para los homosexuales como para los heterosexuales. Pero si los comportamientos de riesgo no fueran mucho más habituales entre los homosexuales masculinos no se darían esas diferencias en los datos epidemiológicos sobre la infección por VIH y en las enfermedades de transmisión sexual. Las diferencias, lejos de reducirse, van a más. Según declaraba recientemente Peter Piot, director de Onusida, "el sida rebrota en poblaciones donde se creía controlado, como los homosexuales".

 

También en España, los "gays" representan el 30% de las 3.000 infecciones anuales por VIH, lo que ha llevado a que el Ministerio de Sanidad haya preparado por primera vez una campaña para frenar las prácticas de riesgo entre los hombres que tienen relaciones con otros hombres. Asimismo se advierte el aumento en este colectivo de los brotes de otras enfermedades de transmisión sexual.

 

 

 

“Francia no permite donar sangre a los varones homosexuales”

“Francia no permite donar sangre a los varones homosexuales”

articulo en www.aceprensa.com, miercoles 21 de junio de 2006

 

Francia no permite donar sangre a los homosexuales masculinos
Los datos epidemiológicos muestran su mayor riesgo de transmisión del virus del sida. El gobierno francés no tiene intención de cambiar la medida establecida en 1983 que excluye a los homosexuales masculinos de la donación de sangre. El ex ministro y diputado socialista Jack Lang había pedido en una carta al ministro de Sanidad el fin de esta "medida discriminatoria". En su respuesta, el ministro, Xavier Bertrand, expone las razones que justifican esta exclusión, sobre todo el riesgo de la transmisión del virus del sida.

 

El ministro contesta que la homosexualidad en sí misma no es un criterio de exclusión (a las lesbianas se les permite donar sangre). Pero señala que "los datos epidemiológicos muestran que la prevalencia de la infección por VIH en la población homosexual masculina sexualmente activa es de un 12,3%, contra un 0,2% en el conjunto de la población. No es, pues, el hecho de ser homosexual, sino la práctica de relaciones sexuales entre hombres lo que constituye una contraindicación para la donación de sangre".

 

Para justificar la exclusión de los homosexuales masculinos, los responsables de la agencia que se ocupa de las donaciones de sangre (Établissement Français du Sang, EFS) aducen varias cifras: el 27% de los nuevos diagnósticos de infección por el VIH y el 51% de los casos de infección de menos de seis meses conciernen a hombres que tienen relaciones con hombres, cifras mucho más elevadas que en la población general. Por otra parte, el 35% de los hombres a los que se ha detectado una infección por VIH a raíz de una donación de sangre tenían prácticas homosexuales (cfr. "Le Monde", 15-06-2006).

 

Los responsables de EFS recuerdan que, en virtud del principio de precaución, la agencia excluye no solo a los homosexuales masculinos, sino también a otros grupos como personas que han vivido en Guyana o que han residido en Gran Bretaña entre 1989 y 1996 (enfermedad de las vacas locas). Sin embargo, parece que solo la exclusión de los homosexuales se asimila a un estigma.

 

A pesar de las mejoras en las pruebas para la detección del virus del sida, los responsables de EFS estiman que la contraindicación debe ser mantenida, pues estas técnicas no permiten identificar el virus cuando la infección es muy reciente. La política seguida por las autoridades se basa en una directiva europea (2004/33/CE) que establece una contraindicación permanente para "las personas cuyo comportamiento sexual las expone a un riesgo elevado de contraer enfermedades infecciosas transmisibles por la sangre".

 

Quienes piden que se levante la contraindicación dicen que el criterio de exclusión debería ser el de "comportamientos de riesgo", lo que valdría tanto para los homosexuales como para los heterosexuales. Pero si los comportamientos de riesgo no fueran mucho más habituales entre los homosexuales masculinos no se darían esas diferencias en los datos epidemiológicos sobre la infección por VIH y en las enfermedades de transmisión sexual. Las diferencias, lejos de reducirse, van a más. Según declaraba recientemente Peter Piot, director de Onusida, "el sida rebrota en poblaciones donde se creía controlado, como los homosexuales".

 

También en España, los "gays" representan el 30% de las 3.000 infecciones anuales por VIH, lo que ha llevado a que el Ministerio de Sanidad haya preparado por primera vez una campaña para frenar las prácticas de riesgo entre los hombres que tienen relaciones con otros hombres. Asimismo se advierte el aumento en este colectivo de los brotes de otras enfermedades de transmisión sexual.

La paz de los pueblos (Alemania 2006)

La paz de los pueblos (Alemania 2006)

25/06/2006  www.diariopresente.com (Tabasco, México)
 
La paz de los pueblos (Alemania 2006)
 
 
(para el Dr. Maldonado Campos)
 
Pascual Falces de Binéfar
 
 
Este doctor nacido en San Luis Potosí (México), gran médico, buen padre y excelente persona, y, con cuya amistad se honra este columnista desde hace muchos años, se encuentra mal, aquejado de una terrible dolencia, e ingresado en el mismo Hospital Español de la capital de México donde durante tantos años atendió a sus pacientes. Todos los tratamientos aplicados no parecen mejorarle. Es un gran aficionado al “futból”, como se dice por allá, y, tal vez el espectáculo del Mundial sea su distracción en el medido confinamiento-cautiverio de su habitación. A él va dedicada esta columna, de corazón, y como prolongación de tantas entrañables conversaciones.

Todos los países del mundo se han puesto de acuerdo; como si fuera un prodigio que se repite cada cuatro años. Y, no lo han hecho sobre una mesa de negociaciones, ni en la Asamblea de Naciones Unidas, si no sobre campos de césped, y bajo la inflexible “batuta” de un inexorable Reglamento de la FIFA. Todas las razas y credos están representados en Alemania; no sólo con sus respectivos jugadores, si no animados por una afición. que, con su propio esfuerzo, se ha gastado “lo que sea menester” para alentar con su presencia pintarrajeada y bullanguera –lo que se dice variopinta-, a los colores que les representan. Sólo esto, es motivo de reflexión a favor de este deporte que consigue lo aparentemente no conseguible: una quimera de armonía digna de tener en cuenta.

Pensar que tan sólo es distracción, un entretenimiento, como pueden ser las “play station”, es pecar de puerilidad, y, hasta cierto punto, un insulto a los otros cientos de millones que, apasionadamente, participan en él a través de pantallas cada vez mayores. Valores humanos como el trabajo en equipo, el juego limpio y respetuoso de un reglamento (como una Constitución, o legislación, “ad-hoc”), la solidaridad, y el apiñado compañerismo, son caracteres que sobresalen entre los “once” representantes de cada himno y bandera. Se puede decir, también, que la comercialización parezca ser excesiva, pero, ¿dónde no está metido, hasta el tuétano, el comercio en las actividades humanas? Además, resulta chocante que algunos de los jugadores seleccionados -o todos-, de países de segunda o última fila, se ganen la vida como jugadores de equipos de países “desarrollados”. Esto último, sin duda, pone de manifiesto las ventajas de una realidad discutida, pero evidente, la globalización mundial. La Aldea, este mes, juega al fútbol, y, con resignación, los conjuntos eliminados retornan a sus países. Las sorpresas se suceden, ¿quién podría sospechar -entre los analfabetos fubolísticos-, que Ghana, país tercermundista donde los haya -gran proveedor de esclavos durante el comercio negrero del siglo XVII-, derrotara por un tajante 2-0 a la culta, pujante y “unión-europeizada” República Checa?. ¿A quién puede extrañar que la mayoría de los jugadores de la selección ghanesa lo sean, profesionalmente, de equipos europeos? El camerunés Samuel Eto´o, estrella del Barcelona FC, lo definió muy bien al ser fichado por el club catalán: “Vengo a correr como un “negro”, para vivir como un “blanco” (¡)

Es un hecho que la globalización ha ayudado a que el equilibrio de poderes entre los clubes con “posibles” sea una porfía de dinero. Más... ¿quién no se alegra de que personas capacitadas del tercer mundo se “sitúen” entre los mejor pagados del mundo desarrollado?... ¿no es esto, también, deseable para cualquier otra clase de preparación humana mientras persistan las actuales desigualdades en la Aldea? La mundialización del fútbol es patente, y se exhibe estos días en Alemania con todo el alarde la sociedad de la comunicación. ¿Pegas?... sin duda las hay –los países pobres no pueden retener a sus estrellas-. Pero, ¿en qué terreno no ocurre esto mismo?... recuérdense a los científicos, y su “rescate” por países generosos en el presupuesto de Investigación, por ejemplo.

Comentarios a esta columna: femiser@telefonica.net
 

La «roja»

... El mérito impagable de «la roja» es que nos ha ratificado en que somos algo más que una yuxtaposición de sociedades vecinas sin afecto común. Ha demostrado que España es, simplemente, ni más ni menos que España...
LA gente se pone las pinturas rojigualdas de la guerra deportiva en sus mejillas, se envuelve en la bandera nacional, entona una extraña canción, formula conjuros belicosos -a por ellos- se deja el parné viajando a la lejana Germania, tararea el himno sin letra de una nación que parecía desaparecida en la dialéctica artificiosa de los políticos de diseño progresista y estalla en gritos de ¡España, España! cada vez que el equipo que dirige El sabio de Hortaleza le mete un gol al contrario -tres partidos que terminan en victoria-, y se concentra en la plaza de Colón en un Madrid que, poblachón manchego, achanta energías vitales con cuarenta inclementes grados de temperatura veraniega. Ha nacido la ilusión de «la roja», de la selección, no del Estado, no de Luis, sino de la selección de España que, entre aclamaciones, se hace símbolo en banderas inmensas, en banderolas, en bufandas y camisetas, en pulseras y colgantes. Todo es rojo y amarillo.
Mientras esto ocurre -y tampoco la heroicidad es tan épica, porque derrotar a Ucrania, luego a Túnez y el viernes a Arabia Saudí parecía de antemano quehacer accesible-, la clase política que nos gobierna aprueba estériles proposiciones de ley en torno a la memoria histórica que olvida a nuestro Rey - allí, en el estadio, con el saludo a flor de piel, y la Reina, en sonrisa abierta, y al futuro que son los Príncipes de Asturias, acompañando al pueblo- y pretende sellos y esfinges de aquella prehistoria democrática que fue la II República; y mientras, los ciudadanos vibran en Alemania y en La Coruña y en Sevilla -y en el mismísimo Bilbao, si lo sabré yo, que de siempre allí tuvo la selección tirón y ahora se ponen displicentes mis paisanos porque del Athletic no hay rastro en el combinado de Luis-, y aquí se habla de diálogo con los terroristas y de conflictos inventados.
La historia emerge, sin embargo, en esa ciudadanía que se refleja en un equipo de once hombres que corren en pantalón corto tras y con un balón y tratan de introducirlo en la portería contraria porque ese acto lo es de patriotismo, de ¡oé, oé!, que es la consigna más fecunda de cuantas hemos oído en España en estos últimos meses. Esa gente es la que vacía las calles cuando juega «la roja», pero que no va a votar -menos de la mitad de la que podía hacerlo- un Estatuto de autonomía para Cataluña que ha constituido el más grave de los fiascos de esta etapa política que comienza a ser destructiva y banal y requiere -y esta es la clave- de una ilusión colectiva y unitaria, en la que todos nos podamos reconocer, en la que nos igualemos -¡somos normales!- a los alemanes, a los franceses, a los italianos, a los argentinos, a los saudíes, a los tunecinos; en la que nos parezcamos a todos los demás pueblos que lo son porque se sienten entrelazados no sólo en intereses sino también en afectos y en compromisos.
Todo eso consigue la selección española -como por ensalmo- adaptándose a estos tiempos de jergas -«la roja»-, cuando hasta los más optimistas suponían que España era, en nombre, en concepto y en realidad social, una entelequia decadente y afligida, batiéndose en retirada. Y resulta que no, que el fútbol, que el Mundial 2006 en Alemania, cuando aparentemente España deja de ser una nación para convertirse en nación de naciones, en un proceloso magma de banderías vecinales, se viene a transformar en un talismán que une y que hace que hasta los medios más progresistas, es decir, menos nacionales y más cercanos a la aceptación de la implosión española, detecten el latido social y se pongan a favor de corriente -¡oé,oé!- y nos inunden, con palabras y con imágenes de una españolidad sin complejos, y popularicen el himno sin letra que, tozudamente, se tararea para no ser menos que La Marsellesa gala o el Dios salve a la Reina de los ingleses. Muchos comienzan a pensar que José María Pemán tenía razón y que aquella letra hímnica hubiese alcanzado con algunas modificaciones en este junio de calores alemanes el sentido que jamás le encontraron ni unos ni otros. El himno nacional, por cierto, es la Marcha Real -Real, de Reyes, de esos, abuelo, padre e hijo preteridos por la memoria histórica-, un himno que no tiene ahora más significación que ser la sintonía española que empapa los ojos del balear Rafael Nadal en las pistas de tierra batida en París y que envuelve la alegría del asturiano Fernando Alonso, abrazado a una Cruz de la Victoria estampada sobre el azul límpido de la enseña del Principado.
Algo pasa y no sabemos muy bien qué pasa; pero «la roja» eleva la presión emocional, logra huecos en las agendas más apretadas, reúne ante el televisor a amigos y familias, empuja a jóvenes y mayores a las calles enarbolando banderas con el grito encendido. Y puede que todo este fenómeno sea efímero y caigamos en octavos ante Francia y no pasemos ese corte que hace más grandes a las selecciones grandes. Pero aunque haya sido una fugacidad patriótica, aunque se haya producido un ensalmo colectivo, aunque esa revuelta de ilusión no haya consistido en nada más que un desahogo en los compases iniciales de un verano caluroso después de un curso político infernal, habrá que leerlo como una señal, o como un síntoma o como un poso en el subconsciente colectivo que -acaso como una necesidad de autenticidad- haya precisado manifestarse para gritar una verdad sin guión ni discurso, de manera espontánea y auténtica.
Espontaneidad y autenticidad, dos conceptos de los que carece nuestra realidad política, que comienza a fluir por un circuito paralelo al popular, distanciado de las inquietudes sociales, ajeno a sus intereses, de espaldas a un afán integrador que se percibe en la calle y se ahuyenta en los despachos. El patriotismo que hacen los políticos suele ser demagógico e interesado, pero la desnacionalización de España, la destrucción del acervo común, la desintegración de las empresas colectivas, la eliminación de una convivencia cordial mediante la búsqueda de las diferencias hueras y el desprecio de las afinidades, conduce a que haya una respuesta popular que se hace tangible cuando encuentra un elemento precipitante.
Ha sido «la roja», la selección de fútbol de España, la gran urdidora de una nueva ilusión, la descubridora de un sentimiento hondo y escondido -¿aprisionado quizá?- que ha alcanzado una energía extraordinaria. Se confundirían aquellos que vean en esta germinación de patriotismo -no olvidar a Nadal ni a Alonso, también fenómenos sociales en los que las gentes se reflejan en sus aspiraciones- una especie de histeria pasajera. Si no les valió la abstención catalana del domingo pasado, añádanle ahora esta ilusión colectiva por «la roja» y vayan atando cabos, porque las cosas no ocurren por casualidad sino por causalidad. Y la causa de lo que está ocurriendo no son las victorias -insisto en que modestas- del combinado nacional español, sino que en ellas se diluye la frustración de una pérdida de identidad colectiva provocada de manera artificiosa y egoísta, frívola e irresponsable. El mérito impagable de«la roja» -llegue a donde llegue en este Mundial teutón- es que nos ha ratificado en que somos algo más que una yuxtaposición de sociedades vecinas sin afecto común. Ha demostrado que España es, simplemente, ni más ni menos que España. Y así será aunque la ilusión parezca a algunos un espejismo consecuencia del calor de este verano prieto y seco de 2006 que la izquierda gobernante ha proclamado como el año de la memoria histórica. ¡Vaya empatía entre el pueblo y el poder!
JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS
Director de ABC