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Deterioro de humanidad

 

Deterioro de humanidad

 

Al ser humano, que es capaz de tantas y tantas cosas buenas e importantes, se le viene sometiendo a un proceso de disminución de sus valores. A algunos de estos se les niega y a otros se les rebaja en sus objetivos. Se va convirtiendo a los seres humanos en máquinas automáticas que responden, a la orden recibida, por medio de un proceso automático que fue diseñado e instalado, previamente, por mentes y manos de otros seres humanos. Unos son los que dominan y otros son los que hacen aquello que se les ordena. No se reflexiona, a fondo, por parte de cada cual, porque no se da tiempo para ello. Todo va adquiriendo esa condición de automatismo con respuesta inmediata, que se viene implantando en la vida de los seres humanos y en la sociedad de la que forman parte. Proceso ese que no respeta el derecho a la libertad que todo ser humano tiene para orientar su vida en la búsqueda de la verdad

 

Llama la atención la rapidez con la que se aplaude cualquier intervención pública de quienes están al frente determinadas organizaciones, sin que haya sido posible llegar al fondo de aquello que se acaba de proclamar. Es la programación del aplauso como medio para avalar algo que, de momento, son sólo palabras, aunque puedan suponer buenas intenciones. El aplauso que tiene verdadero valor es el que se produce cuando la inteligencia ha podido entrar en el fondo de la cuestión planteada. Puede que este aplauso sea hasta discreto, pero se presenta avalado por el estudio, sereno y profundo, de cada una de las posibilidades que se derivan de aquello que se ofreció como una posibilidad y será el aplauso de los convencidos.

 

Esa especie de automatismo que se pretende en la sociedad constituye, en esencia, un paso más hacia el subdesarrollo y por ello es un deterioro de humanidad. Nos fijamos, con razón, en esas personas cuyas vidas discurren en un ambiente de gran pobreza material y sin posibilidades de mejorar, con sus medios, ese ambiente de tan baja calidad y, sin embargo, no se toma en consideración ese subdesarrollo que existe en las relaciones humanas. No tener en cuenta tanto una como otra manifestación de subdesarrollo constituyen, una y otra, serios deterioros de humanidad, de pérdida de los valores básicos de los seres humanos.

 

Es de todo punto necesario que crezca, significativamente, la consideración de la dignidad del ser humano, tanto por quienes gobiernan o dirigen en la sociedad como por los que son gobernados o dirigidos. Dignidad esa que tiene su fundamento en la verdad; en la que tiene la fuerza de unir a todos los seres humanos y no en esa otra argumentación que conduce al alejamiento - cuando no al enfrentamiento - de unos y otros, aunque coseche muchos aplausos por otras motivaciones ambientales, distintas al del análisis riguroso de lo que se propone por quien recibe esos aplausos. La sociedad demanda la dignidad de la verdad.

 

Toda persona debe procurar que no haya deterioro de humanidad en la sociedad, pues si ese deterioro se produce y aumenta se creará separación en la comunidad humana. Es preciso que no se hable para cosechar aplausos sino para ofrecer vías de desarrollo y de unión entre todos los componentes de la sociedad. Desarrollo y unión que tienen fundamento en la verdad que a todos es dado reconocer, porque es la que a todos hace libres.

 

Manuel de la Hera Pacheco.- 24.Abril.2006.-

La gran riqueza de la vida

La gran riqueza de la vida

 

Es tanta la riqueza de la vida, la de cualquier persona, que resulta muy difícil hacer uso de ella, en forma adecuada y conveniente, si no se sabe apreciar lo que vale cada una de esas cosas pequeñas de las que está llena esa vida. Unas son comunes para todas las personas y otras no, pero existe relación entre ellas que conviene saber aprovechar. Si no se cuida esa relación aparece el distanciamiento entre unas personas y otras por falta de afinidad; por falta de entendimiento en tantas y tantas cosas pequeñas que llenan la vida de cada persona. La gran riqueza de la vida se muestra, especialmente, en la atención con la que se cuidan las cosas pequeñas que tienen que ver con otras personas que tienen más dificultades que uno mismo para hacerse un hueco en la sociedad. Cuando se ignora a esas personas se está haciendo mal uso - a veces perverso - de la gran riqueza que hay en la vida de cada persona.

 

Toda persona, por mucho que tenga, siempre necesita un detalle de cariño, un algo que le haga darse cuenta de que existe - como ser humano - para los demás. A las personas se las quiere por su capacidad y calidad de reacción ante todas y cada una de las condiciones a las que se ve sometida a lo largo de su vida. Ese cariño es el premio que reciben por el uso que hicieron de la gran riqueza de su vida. No se trata de homenajes públicos, sino de algo tan sencillo como la percepción de un simple gesto de agradecimiento de alguien, al que ni siquiera se conoce. Esos gestos amables y sinceros, que brotan del corazón, constituyen signos de la gran riqueza de la vida de cualquier ser humano. Es generosidad del alma.

 

A veces se impide, o se coarta, esa generosidad por razones de conveniencia de algún proyecto que tiene unos fines determinados que no son los más adecuados para la sociedad. Es entonces el momento de hacer valer, con gran ilusión, la gran riqueza de la vida humana. En la adversidad tiene que mostrarse, con toda la fuerza del alma, el gran valor de la generosidad. Esa es la ocasión en la que la verdad ha de ser expuesta con los razonamientos más inteligentes, sin que en ellos aparezca algo desagradable o hiriente para quienes defienden alguna opción diferente, que no puede ser aceptada por razones claras y concretas.

 

Con esas cosas pequeñas de buen trato y consideración que se dispense a quienes son adversarios en la forma de entender la sociedad, se logra un ambiente de amabilidad y de respeto que facilita la labor a desarrollar; que no es solo la de modificar un proyecto sino algo mucho más importante. Se ha de tratar, siempre, que la convivencia humana sea muy buena. Tan buena que permita que los detalles pequeños de amabilidad y respeto se aprecien como en realidad deben ser, como muestras de verdadero cariño hacia todas las personas.

 

La gran riqueza de la vida, la de la gran capacidad del alma para querer a todo el mundo, hay que hacerla efectiva sin reserva alguna, con total generosidad. En las cosas pequeñas de la vida, en esas que son las que continuamente se nos presentan, toda persona tiene la oportunidad de mostrar la gran riqueza de su alma. Así, nuestra sociedad mejoraría.

 

Manuel de la Hera Pacheco.- 21.Abril.2006.-

 

 

Acaso no nos importa?

Acaso no nos importa?

 

Qué duda cabe que a toda persona importa aquello que más le afecta, tanto en lo material como en lo espiritual. ¡Claro que sí!. Pero ocurre a veces que no llegamos a darnos cuenta de la importancia que, para unos u otros, tienen algunas cosas. Es que son tantas las cosas que ocurren, de forma natural o forzada, que no hay posibilidad de estar al corriente de todo ello. Eso, o algo parecido, se suele decir, como excusa, cuando algo nos sorprende y nos hace daño y hasta es posible que lo sea de consideración y quién sabe si imposible de hacerlo desaparecer o, cuando menos, de paliar. La realidad es que la vida supera, con creces, la capacidad personal y por ello, si de verdad nos interesa la vida que se nos ha proporcionado, hay que ocuparse muy seriamente de encontrar las ayudas que nos son necesarias.

 

El aislamiento es sumamente perjudicial. Hace daño a uno mismo y a esa parte de la sociedad en la que se tiene obligación de estar en forma activa, no como algo inerte o como algo que no produce beneficio sino como elemento fértil, pujante y decidido a que la vida de uno mismo y de otros, de la sociedad en definitiva, tenga el valor de la verdad que a toda la humanidad invita a hacer el bien, a que ésta sea justa y entregada a ayudar al que no puede o no sabe ayudarse a sí mismo. No se puede comprender que alguien diga que no le importan esas personas que no tienen donde vivir ni siquiera comer algo que tenga el bendito sabor del amor. Quizá nuestras palabras no digan que no nos importan, pero ¿qué hacemos por ellos?.

 

Nadie tiene permiso para no ocuparse de lo que nos rodea y de aquello que pueda llegar a ser realidad. Todos, como conjunto, y cada uno personalmente, tenemos la obligación de vivir la realidad de la vida de la sociedad; esa vida a la cual contribuye toda persona. Si esa contribución fuera escasa, nula, engañosa o cruelmente negativa, se estaría haciendo daño a ese precepto, tan divinamente humano, que nos señala que hay que amar a toda otra persona, cualquiera que sea, hasta dar su vida por ella si fuera necesario. Importa esto en la vida para dar verdadero valor, el del amor que no tiene límites, a lo que se haga.

 

¿Es que no se quiere una sociedad en la que la injusticia no exista?. Claro que se quiere y así lo decimos todos aunque sea con el añadido de que el empeño resulta imposible; que todo fracasará porque cada cual atenderá antes que nada, o de forma exclusiva, a su propio bienestar. Hay que reaccionar, ante ese conformismo de base egoísta, con fidelidad a la verdad; a esta verdad que llena de amor el alma; de ese amor que se hace tanto mayor cuanto más grande sea el dolor que se siente por aquél que nada tiene y que todo necesita.

 

A veces no sabemos dónde o a quién acudir para iniciar ese camino que conduce a la verdad, o tal vez para afianzar y fortalecer nuestra decisión de vivir en la verdad del amor a la humanidad. Esa ayuda nos la proporcionará la oración, si a ésta llevamos el clamor del dolor que nos causa el olvido de aquello que tanto nos importa: la entrega de amor a los demás.

 

Manuel de la Hera Pacheco.-.19.Mayo.2006

 

¿Qué es lo que se quiere?

¿Qué es lo que se quiere?

Son muchas las ocasiones en las que uno mismo no sabe lo que quiere. Por ello, sus decisiones quedan marcadas con el sello de la duda en muchas ocasiones. Esto, que cada cual sabe la importancia que tiene en su vida personal, es extensible al conjunto de la sociedad ya que las personas, a la hora de decidir, somos muy parecidas. Es seguro que unos tendrán más seguridad en aquello que piensan y que les lleva a decidir, pero la gran mayoría suele ser indecisa y se orienta hacia algo que no ha acabado de comprender bien, lo cual, a la hora de los resultados, se traducirá en desencanto o en satisfacción; algo así como lo que ocurre con el juego de la lotería, lo cual no es lo que conviene a cualquier sociedad que pretenda ser un ente responsable, tanto para su propio gobierno como para su relación con las demás sociedades existentes en el mundo. ¿Qué es lo que se quiere, de verdad, en nuestra sociedad?

 

Es, esa, una pregunta que conviene que cada persona se haga y que trate de encontrar la respuesta que responda, de forma clara y concreta, a la verdad. Es necesario que la vida de la sociedad no discurra entre sobresaltos sino que goce de la normalidad de la lógica que lleva al entendimiento. Sólo así se podrá avanzar con seguridad hacia las mejores metas, aunque éstas sean difíciles. Cuando hay unidad de pensamiento se multiplica, en grado muy importante, la fuerza y calidad de los resultados en aquello que se emprende. Es insensato hacer desaparecer esa unidad de esfuerzo hacia el logro de un objetivo que a todos interesa, sustituyéndola por una ancha separación de voluntades que se quiere lograr por medio de formas que no son las adecuadas para el trato que debe existir entre las personas que configuran la sociedad. Éstas deben saber bien qué es lo que se quiere llegar a alcanzar.

 

Se han dado pasos que han llevado a modelos de vida en la sociedad que no gozan de aceptación por gran parte de los componentes de la misma, al entender que están por debajo de lo que se necesita para que la sociedad alcance un buen nivel de formación intelectual, social y moral, que le permitan hacer frente, con éxito, a cuantos ataques se le hacen a la misma desde algún tiempo a esta parte. ¿Qué es lo que se quiere con esa forma de actuar, tanto por parte de quienes han dado esos pasos como por la de quienes se oponen a ello?.

 

A unos y a otros les toca reflexionar, con atención y la máxima honradez, sobre lo que se ha hecho y lo que se haya dejado de hacer. Lo demanda así tanto la responsabilidad que se tiene con uno mismo como la que nos exige la sociedad. ¿Qué hemos hecho con el derecho natural que asiste a las personas, a las familias, a la educación de los hijos en el seno de éstas y a los medios de educación que se les proporcionan por la propia sociedad?.

 

Nadie está exento de la obligación de atender a la evolución de la sociedad, pues es de todos. Quizá no se haya hecho todo lo necesario, hasta este momento, y hay que rectificar. Es necesario trabajar seriamente, sabiendo qué es lo que se quiere y dándolo a conocer a los demás. Se ha hecho, sin duda, pero todos debemos hacerlo mejor.

 

Manuel de la Hera Pacheco.- 10.Abril.2006.- 

Otra era mi intención...

 

Otra era mi intención...

 

A pesar de las agendas bien meditadas y preparadas, siempre es posible un cambio de última hora. A pesar, también, de lo mucho y bien que se haya estudiado la situación de los asuntos que más interesan, así como su posible evolución a muy corto plazo, la realidad de los hechos nos demuestra que no siempre habíamos sido capaces de captar todas las posibles incidencias. Todo ello nos lleva a tener que tomar, a última hora, otras disposiciones distintas a las que habían sido previstas, con el inconveniente de las prisas y, posiblemente, sin contar con toda la información que sería deseable, cuando se presenta algo con lo que no se contaba y que, además, tiene la suficiente importancia como para hacer variar de planes.

Esta mañana, la del viernes 7 de Abril, cuando la gente ya estaba en sus ocupaciones, se dio a conocer, por TVE, que el Presidente del Gobierno informaría públicamente, desde Moncloa, sobre un asunto importante. Esto, como es natural, motivó que se produjeran muchas llamadas a multitud de personas para ponerlas en antecedentes y fueron muchos los planes que se deshicieron porque había que oír lo que el Presidente iba a comunicar y, caso necesario, tomar las medidas oportunas. Era natural que esa fuera la reacción general pues hay algunas cuestiones en nuestra sociedad - también en el mundo - que son bastante complicadas y que necesitan solución - solución correcta, claro está - cuanto antes. ¿De qué asunto quería hablar el Presidente?. Supongo que las televisiones se encendieron en muchos hogares, lugares de trabajo y donde hubiera alguna gente. El aviso recibido obligaba a ello.

 

Con ese aviso cobró mayor importancia la noticia de la visita, el día anterior, del Secretario General de la ONU - Kofi Annan - al Presidente del Gobierno, así como la ausencia de éste en la cena que fue ofrecida a aquel por los Reyes en el Palacio Real. ¿Qué pudo ocurrir para que el Presidente del Gobierno no asistiera, a pesar de que estaba previsto que asistiría?. Con esos antecedentes, entre otros, se barajaron muchas posibilidades mientras se esperaba, con interés e impaciencia, la hora anunciada para la presencia del Presidente del Gobierno ante las cámaras de TV y los demás medios de comunicación. Muchas personas se tuvieron que excusar, ante quienes se habían comprometido. Otra era mi intención - dijeron - pero...

Una vez que tuvo lugar la comunicación pública del Presidente del Gobierno quedaron resueltas las especulaciones que se habían venido haciendo hasta ese momento, pero nacieron otras nuevas: ¿Por qué cesa Bono en Defensa?. ¿Acaso porque se siente insatisfecho por haber votado en contra de sus convicciones personales, cuando se aprobó en el Congreso el texto del Estatuto para Cataluña?. Es posible que considere inadecuada esa postura para la persona que deba estar al frente del Ministerio de Defensa. Muchas personas lo entienden así.

Naturalmente no acaba ahí la cosa pues también son dignas del mayor interés los nombramientos de Alonso para Defensa y Pérez Rubalcaba para Interior. Ministerio éste al que algunos han empezado a llamar Ministerio Negociador; ¿por qué será?... Y también se pregunta por las razones que puedan existir para cesar a la Ministra de Educación, justo cuando se acaba de aprobar la Ley Orgánica que ella ha elaborado. Motivos hay para pensar sobre ello y sus derivadas. Se hablará de esas cuestiones de forma inmediata y se sabrá que otras eran las intenciones de unos y otros, pero...

Manuel de la Hera Pacheco.- 7.Abril.2006

La finura del amor

La finura del amor

Va pasando el tiempo y no parece que los ánimos, de unos y de otros, estén más o menos dispuestos al acercamiento y al buen entendimiento de esas cuestiones que a todos, en la sociedad, afectan por igual. Parece, más bien, que se siguen caminos distintos para analizar cada una de esas cuestiones y hasta se vigila que no se produzca algún acercamiento, aunque sea mínimo, para mantener las distancias en los criterios que se manejan. Así, ante esa amplia y profunda brecha abierta en nuestra sociedad se hace necesario que cada persona piense, detenidamente, en lo que de verdad hay en su sentir y en las labores que, cada día, lleva a cabo. Tal vez necesiten rectificación o cambio total. Es muy posible que cueste tomar esa decisión porque se tienen compromisos que atan. La cuestión a plantearse es si se quiere ser una persona libre o, por el contrario, soportar unas ligaduras que llegan a inmovilizar.

 

La finura del amor a la verdad se muestra en ese deseo de libertad que hace pensar a la persona, por sí misma, en algo tan trascendental como lo es el por qué y el para qué de su propia vida. ¿Cómo ha de tratar a ese don tan preciado de la vida que ahora posee y cuya duración desconoce?. Y como no vive sola, sino que forma parte de una sociedad humana, esa pregunta debe ser complementada con esta otra: ¿Cómo debe tratar a ese don preciado de la vida que ahora posee, al igual que ella, cada una de las personas que integran la sociedad?.

Toda persona tiene esa gran posibilidad de conocer lo que es el amor a la verdad, que le hará libre, y que le hará acercarse a cualquiera otra para hacerla partícipe de esa finura de amor.

 

No es un grito de rebeldía la finura del amor a la verdad, y a la libertad que ella contiene, sino una afirmación gozosa del verdadero sentido de la vida, el de ser útil siempre, en cada momento, para que en el corazón de toda persona desaparezca cualquier síntoma de rencor y hasta de insatisfacción para con las demás. Esa finura de amor se muestra en la permanente acción de considerar a toda otra persona merecedora de la más exquisita atención, de la de verdad, de la que se entrega sin reserva alguna. Es un grito de dolor que sale del alma porque duele ver a mucha gente pasando miserias. Grito de dolor de amor.

 

La finura del amor a la verdad y a la libertad se muestra llena de gozo, tal como lo expresó José María Pemán en una de las estrofas de su composición poética titulada Conciencia de mi libertad y mi ser. Dice así: Yo puedo remontar, libre mi barca, / seguro el golpe musical del remo, / todos los ríos contra la corriente: / contra el viento mi vela / blanca de plenitud y de albedrío.

 

Esa finura del amor a la verdad deja huella profunda allá donde llega; allá donde se hace presente con delicadeza; allá donde cualquier persona se presenta, con respeto, en cualquier lugar y ocasión que sea, porque llega como muestra verdadera del sentido de la vida que anida en el alma de las personas libres; de esas que a todas las demás también las consideran dignas de ese sentido de la vida. La finura del amor se necesita en la sociedad.

 

Manuel de la Hera Pacheco.- 5.Abril.2006.- 

No parece lo adecuado

No parece lo adecuado

Qué cuidado hay que tener, a lo largo de cada uno de los días de la vida, con las circunstancias que se van a ir presentando al tiempo que se desarrolla la labor que se haya emprendido. Normalmente las intenciones son muy buenas y se suelen tomar las medidas necesarias para que todo discurra bien, pero la realidad es que hay ocasiones en las que lo que se hace no es lo adecuado. Se podrá corregir de forma inmediata o tal vez no, quizá porque no se advierta de forma inmediata el error o porque se deje uno llevar por los acontecimientos. Es posible, también, que no se quiera reconocer el error o que se estime que no creará problemas, pero antes o después aparecerán las dificultades y complicaciones, que unas veces no tendrán mayor importancia pero que, por desgracia, no siempre será así.

Hay hechos muy simples que afectan exclusivamente a una persona, a la que los protagoniza y, quizás, a un muy reducido número de personas, entre las que se suelen encontrar aquellas a las que más se quiere. Otros son de mucha mayor importancia y trascendencia, tanto por la entidad de las personas a las que afecta directamente como por la repercusión social que se produzca; por el ejemplo, malo por lo general, que se da.

 

La noticia de lo ocurrido en el Ayuntamiento de Marbella, que se está conociendo en estos días, es un ejemplo de lo que sucede cuando lo que se hizo no era lo adecuado. Es posible que algunas de las personas implicadas actuaran sin calibrar bien lo que hacían o que estuvieran mal aconsejadas por personas en las que confiaban. De ser así, ¿cómo pudieron ser recomendadas para ocupar unos puestos importantes, en los que se podían presentar situaciones delicadas?. De otra parte, ¿no ha habido quienes fiscalizaran, antes, sus actuaciones?. Tal vez sean esas personas las que, en su momento, no hicieron lo adecuado. Ellas también son responsables, en cierta forma y medida, de lo que ha ocurrido.

 

En otro orden de cosas, en lo deportivo concretamente, se pudo ver el pasado sábado, durante el partido de fútbol en el que contendían el Barcelona y el Real Madrid, la importancia que tiene actuar sin calibrar adecuadamente las consecuencias. El árbitro estima que se ha producido una falta que debe calificar como penalti y así lo señala. Se le protesta esa decisión por varios jugadores pero él mantiene su criterio. La protesta del jugador, al que se le ha señalado la falta, se hace mayor e impertinente, lo que provoca que el árbitro lo expulse del terreno de juego. ¿No se pudo evitar la penalización al equipo del que formaba parte el jugador sancionado?. Tal vez el árbitro debió alejarse del jugador airado y éste, por supuesto, ser más comedido. Uno y otro no parece que hicieran lo más adecuado.

 

La prudencia es bueno que acompañe siempre a toda persona; tanto más cuanto mayor sea la autoridad que tenga, o represente, la misma. No es lo mismo una opinión dada en un reducido grupo de amigos, que si se proclama, por quien ejerce la presidencia del gobierno, en un auditorio abierto a todos los medios de comunicación; máxime si esa opinión se hace sobre una cuestión que afecta, seriamente, al sentir de todos los gobernados, y si esa opinión se vierte como una recomendación para actuar. Obrar así no parece lo adecuado.

 

Manuel de la Hera Pacheco.- 3.Abril.2006.- 

Cerrazón intelectual

Cerrazón intelectual

 

Malo es que las pasiones se adueñen de la persona porque se produce, en ella, una cerrazón intelectual que le impide tener conciencia clara y verdadera de cuanto acontece en su entorno y en todo aquello que, de alguna forma, le compete. Las personas poseídas por la fuerza de sus pasiones dejan de ser libres y, así, sus decisiones son las de sus pasiones. El análisis de las cuestiones, cuando la persona está dominada por algún tipo de apasionamiento, se produce de forma imperfecta y los resultados que se obtienen son, en cualquier caso, imperfectos, faltos de lógica, carentes de profundidad y, a veces, hasta ridículos y provocadores de rechazos que pueden llegar, en alguna ocasión, hasta la pérdida de confianza en esas personas que han optado por ser prisioneras de unas pasiones.

 

Es un mal espectáculo el que proporciona una persona cuando se muestra con cerrazón intelectual, a causa del apresamiento que de ella han hecho unas determinadas pasiones. Esas personas hacen sufrir a quienes las quieren; en tanto mayor grado cuanto más sincero, firme y profundo sea ese cariño; y también sufren aquellas otras que aman aquello que, de alguna forma, es dañado por la cerrazón intelectual que padecen - a veces con gusto - quienes no saben o no quieren romper las ligaduras del apasionamiento que ha irrumpido en su ánimo, deshaciendo unas defensas que han demostrado ser débiles, faltas de fundamento y, por ello, sin capacidad de reacción. A veces ese mal espectáculo, cuando no produce daños mayores a otras personas, se acepta como un mal menor y se trata de ayudar, de alguna forma, a quienes lo provocan; es un acto de misericordia hacia quienes sufren prisión.

 

Ese mal espectáculo adquiere proporciones mayores - de escándalo incluso - cuando dejan de ser sensatos quienes tienen como misión llevar a buen fin las labores de gobierno que la sociedad le ha conferido, de forma expresa, bajo el principio de que aquello que se haga ha de serlo sin atentar contra los derechos fundamentales de la persona. Son sumamente dañinos los apasionamientos que puedan llegar a sufrir quienes gobiernan, pues la cerrazón intelectual, que les es aneja, impide que puedan contemplar con claridad y ecuanimidad todo lo que les demandan, como necesario, quienes forman esa sociedad. Gobernar no es alterar, o forzar, o rechazar las convicciones buenas y justas de los gobernados, sino favorecerlas.

 

Gobernar no es mantener, a toda costa, el predominio de unos sobre otros, sino trabajar para que todos disfruten de lo mejor que cada cual pueda aportar en beneficio de la calidad de la dignidad humana de la sociedad. El gobernante no debe permitir que el apasionamiento partidista llegue a producirle esa cerrazón intelectual que hace injusto a quienes la padecen y que provoca reacciones de rechazo en la sociedad. Debe liberarse el gobernante de la tentación de absolutismo a la que le conduce esa cerrazón intelectual.

 

Gobernar no debe provocar sesiones lamentables en las que se pone de manifiesto la falta de atención de unos hacia a otros. Quienes gobiernan y quienes son gobernados deben procurar que sus mentes se mantengan siempre claras para que sus actuaciones sean justas y amables, en beneficio de la paz en las almas y, como consecuencia, en la sociedad.

 

Manuel de la Hera Pacheco.- 12.Mayo.2006